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¿Es la inteligencia una facultad inmaterial?
De Seminario de Antropologia
| Autor Juan Fernando Sellés Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica |
Comencemos por la inteligencia e indaguemos si es o no una facultad inmaterial. Como es sabido, actualmente algunos ponen en duda que la inteligencia sea inmaterial. Se trata del debatido y divulgado problema de las relaciones mentecerebro (al que ya se ha atendido). Sobre este asunto, la mayor parte de pensadores de la filosofía griega y medieval admiten la inmaterialidad de esta potencia. En la moderna y contemporánea, en cambio, ha habido de todo. Para Husserl, por ejemplo, la verdad es irreductible a lo psíquico. Popper no sido el único también arremetió contra las tesis materialistas que identificaban el pensamiento con la actividad cerebral. Por su parte, Eccles sostuvo que la mente no es orgánica, pero que interactúa con el cerebro . Por su parte, Polo dirime rigurosamente ese problema . La inteligencia no es la totalidad del alma, sino una potencia suya, aunque, junto con la voluntad, la más elevada. La inteligencia tampoco es la persona humana. Si lo propio de esta facultad es pensar, razonar, es evidente que la persona humana no se reduce a razonar. Además, inicialmente la inteligencia ni conoce nada ni sabe que tiene que conocer. Ni siquiera tiene noción de sí misma. Sin embargo, todo ello es susceptible de conocerlo cuando se activa. Además, ésta potencia, más que ninguna otra, se entiende por su capacidad de crecimiento. Siempre se puede pensar más y mejor. Mucho es lo que podríamos extendernos al tratar de la inteligencia, pero conviene ahora demostrar su inmaterialidad de modo claro y breve; de una manera necesaria (porque se trata de una verdad necesaria o "sin vuelta de hoja"). ¿Cómo? Demostrando su inmaterialidad. ¿Y cómo demostrarla? Por los siguientes argumentos, por lo demás, clásicos: 1) La inmaterialidad de la inteligencia se comprueba demostrando la inmaterialidad de sus actos, y la de éstos, por la inmaterialidad y universalidad de sus objetos (como vimos en el Tema 1, epígrafe 8). El primer acto de la inteligencia, el más básico, es abstraer, y lo abstraído por ella se llama tradicionalmente abstracto. Atender a ese acto permite darnos cuenta de que el objeto conocido al abstraer no sólo es inmaterial, sino también al margen de las condiciones particulares de la materia. Abstraer es presentar algo conocido con cierta universalidad. Al abstraer separamos una forma de lo material singular, concreto (ej. el abstracto de “silla” no se refiere sólo a ésta o a la otra silla reales, o sólo a las de metal o madera, a las de tres o cuatro patas, a las funcionales o barrocas, sino a todas las sillas habidas y por haber). El objeto conocido por la inteligencia es en universal. Nada hay, en cambio, en lo real material que sea de ese género. Si pensamos lo universal, nuestra inteligencia no es material. El objeto es ideal y enteramente intencional; lo ideal e intencional no es material en modo alguno. 2) También se comprueba la inmaterialidad de la inteligencia porque esta potencia puede conocerlo todo, es decir, no tiene límite. Para que una potencia sea enteramente cognoscitiva, es decir, que toda su naturaleza sea explicable en vistas a conocer, requiere, obviamente, no ser otra cosa que pura capacidad de conocimiento, sin otras tareas, como por ejemplo, la de vivificar algún órgano, como les sucede a los sentidos. Así es la inteligencia. Si fuera por naturaleza otra cosa que cognoscitiva, esa otra cosa no la podría conocer. Los sentidos conocen sus objetos siempre dentro de unos límites, de un marco al que la psicología denomina umbral. El intento de traspasar esos límites perjudica al órgano y a la facultad sensible (ej. la luz del sol excede la capacidad del umbral de la vista cuando se le mira de frente y daña el órgano; por eso cerramos los ojos). La inteligencia se salta el umbral, el límite. Sólo se conoce el límite trascendiéndolo. En efecto, tematizar intelectualmente la noción de límite es haberlo trascendido. La inteligencia puede conocerlo todo. Al decir de Aristóteles, el alma es en cierto modo todas las cosas . Su apertura es irrestricta. No obstante, lo material, por definición, es limitado. En consecuencia, la inteligencia es inmaterial. 3) Por su capacidad de negar. Este argumento es netamente tomista, e indica que si la inteligencia tiene la capacidad de negar, y no por llevarlo a cabo ella se niega. Efectivamente, la inteligencia no sólo afirma, sino que también niega, pero negar no es perder inteligencia o anularse progresivamente como tal, sino otro modo de seguir conociendo cada vez más. Si la vista, por ejemplo, negase el color, dejaría de ver, pues sólo se ven colores. En cambio, la inteligencia niega lo pensado, por ejemplo, la noción de ente (todo lo que cae bajo ella se puede describir con esta noción). Al negar el ente forma una nueva noción, no ente, que no anula la precedente; de modo que la inteligencia puede mantener las dos nociones sin prescindir de ninguna de ellas. Mantener las dos indica conocer más que pensar sólo una de ellas. También es claro que la expresión "no ente" no indica nada sensible, sino que, precisamente, niega entre otros a los entes sensibles. Ahora bien, negar lo real sensible es saltar por encima de ello. De modo que si la inteligencia es capaz de negar, salta por encima de la realidad material. 4) Nos percatamos también de la inmaterialidad de la inteligencia por la cierta referencia que tiene respecto de sí. En efecto, nada de lo corpóreo se autoconoce ni se refiere a sí mismo, porque la materia es límite para ello, pues no es transparentemente cognoscitiva. Las facultades sensibles conocen con sus actos otros asuntos, pero no su propio soporte orgánico, ni tampoco su propio acto de conocer (ej. la facultad de ver no ve directamente su ojo, sino a través de su ojo; ni tampoco ve el acto de ver, ni a sí misma como facultad). En la inteligencia, por el contrario, alguna instancia suya se puede referir a otra instancia de ella. Así es, la inteligencia conoce que conoce, conocemos que pensamos, es decir, la inteligencia conoce algo de ella: sus actos de conocer. Esta permeabilidad indica que esta facultad carece de soporte orgánico. Por lo demás, no hay que confundir esa cierta referencia con la llamada reflexión, pues la inteligencia conoce con unos actos suyos superiores otros actos suyos inferiores, pero no conoce sus actos con los mismos actos, ni tampoco se conoce ella a sí misma como facultad. 5) Otra prueba de su inmaterialidad la da su capacidad de crecimiento irrestricto. Si puede crecer en conocimiento sin coto, ello implica que carece de soporte orgánico que la limite, puesto que lo orgánico, por definición es limitado. Si carece de órgano (la inteligencia no está en el cerebro), no se puede decir en sentido estricto que esta potencia sea un sobrante formal, puesto que no sobra respecto de vivificar, organizar, etc., ningún órgano al que informe, ya que carece de él. Tampoco es propiamente una facultad, porque esta palabra denota pasividad, y la inteligencia activa remitiendo en ella misma lo que tiene de potencialidad. Es, pues, más que facultad. Se puede llamar potencia activa, pues lo que en ella se activa deja para siempre de ser potencial. Por ejemplo, si se abstrae, ya se ha aprendido a abstraer "semel pro semper", es decir, de una vez por todas y para siempre.


