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¿Indisolubilidad conyugal?

De Seminario de Antropologia

Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica

El matrimonio es como se ha indicado amor personal a una persona como tal persona, no a sus manifestaciones, que pueden estar incluso cuajadas de vicios y defectos. Si el amor no fuera personal, de persona a persona, sino sólo asunto de deseos sexuales, o de emociones, o de afectos, o de juicios valorativos, etc., sería pasajero, y pronto o tarde caería en la desilusión, pues todos esos elementos se refieren a asuntos temporales, cambiantes, caducos. Si eso fuera así, no sólo el divorcio, sino también las deformaciones sexuales estarían justificadas. Sin duda esas actitudes evaden cualquier compromiso personal. Es más, si el hombre se redujera a estas actividades y no fuera capaz de más, no tendría cabida jamás el verdadero matrimonio . Matrimonio es compartir la intimidad a través de la distinción tipológica varónmujer . En cambio, si el amor es personal, dado que la persona no se reduce al tiempo físico, y dado que su irreductible valor es en cierto modo irrestricto, la indisolubilidad conyugal, por ejemplo, queda establecida. Matrimonio es la unión de cuerpo y espíritu entre varón y mujer de por vida. No hay razón ninguna para disolverlo, porque la riqueza del núcleo personal de cada conyuge, pese a las indudables deficiencias presentes en la naturaleza y esencia humanas, es inagotable, y consecuentemente, siempre se puede conocer y amar más.

Como la unión no es sólo corpórea sino espiritual, esa unión es como la de una fraternidad adquirida, donde cabe hablar más de hermanohermana que de varónmujer. Si la persona es un don, y si dar es correlativo de aceptar, la indisolubilidad matrimonial se justifica por la posibilidad de aceptación mientras se viva. Aunque el rechazo (que posiblemente da lugar a la separación), lo haya promovido una de las dos partes (o las dos), la otra (o las dos) no debe/n renunciar para siempre a aceptar y a ser aceptada, porque mientras se vive siempre cabe la esperanza de volver a aceptar y de volver a ser aceptado . Algo similar ocurre entre padres e hijos y entre hermanos. Aunque alguno de ellos rompa con la familia, y no acepte a los demás como tales, siempre queda la esperanza de volver a ser aceptado. Con todo, en ambos casos es claro que, aunque se haya renunciado a la familia, nunca se deja de ser familia. Por tanto, la esperanza justifica la indisolubilidad. También por eso, el divorcio es un ensombrece la esperanza.

La índole y el fin de la familia se basan, pues, en el amor. Si la entrega es personal es entera, y conlleva, en consecuencia, la entrega del cuerpo en toda su temporalidad, porque éste es una disposición de la persona. Si eso es así, la naturaleza del matrimonio es tan duradera como la del cuerpo mismo e irrevocable. A su vez, hay que distinguir entre usar del cuerpo y usar según el cuerpo. Lo primero es incorrecto, pues usar del cuerpo según a uno se le antoje, es una ingerencia injustificable de la persona en la índole de naturaleza humana que tiene a su disposición, porque no respeta el modo de ser de ésta. Lo segundo es correcto, porque es la salvaguarda por parte de la persona del modo de ser de la naturaleza humana. En suma, el matrimonio es esa unión personal de mutua aceptación y donación o entrega amorosa, proyectado al futuro, hasta el fin de la vida, en el que a quien se ama es a la persona, por encima de sus cualidades psíquicas, corporales, o incluso pertenencias anejas.

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