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Adviento
De Seminario de Antropologia
No desaprovechéis este tiempo de misericordia ofrecido por Dios: San Gregorio Magno
Ayer se celebró en toda la cristiandad el primer domingo de ADVIENTO. Con él se ha iniciado un nuevo año liturgico. El Adviento, en la liturgia, es un "tiempo fuerte".
La renovación continuada de los años litúrgicos no significa que el tiempo cristiano sea un tiempo circular, por el contrario, es un tiempo abierto siempre al futuro, abierto a la esperanza; en el que cada persona renueva y actualiza sus compromisos de amor, manteniendo, sin perderla, una permanente juventud. Tenemos que evitar el que se nos haga la recriminación que el Ángel le hizo a la Iglesia de Éfeso: "Tengo contra tí que me has perdido el fevor de la primera juventud".
A cada tiempo litúrgico le corresponde una virtud, al Adviento le corresponde la virtud de la ESPERANZA; por ello es tiempo de espera, de impaciente esperanza. La "plenitud de los tiempos" se aproxima, Dios se hará uno más entre nosotros.
El Verbo Encarnado, gracias al FIAT de una joven judia, cambió redicalmente el curso de la historia y también el curso personal de todos aquellos que esperaron y de los que seguirán esperando, la culminación de sus vidas en una vida perdurable.
El Adviento debe ser para todos la gran fiesta de la Esperanza. A cada uno le corresponde pronunciar su FIAT al proyecto personal, al que por amor y en libertad nos destinamos.
- REFLEXIONES
Adviento, tiempo de espera, tiempo de esperanza.
María, la llena de gracia, ha dicho SI, y el Verbo crece en su seno, día a día, semana a semana, mes a mes.
¿Cómo sería el tiempo de esa espera en María?
La llena de gracia, ¿qué ocurriría en su intimidad? El Dios Hombre se forma en ella en un clima de radical amor maternal.
¿Cómo crecería ese amor en el corazón de la joven María? ¿Cuál sería su densidad, su hondura, su ternura...? Así, durante nueve meses, hasta la noche más plena de los tiempos, cuando los ojos amorosos de una madre joven ven la cara del nacido, la cara de su hijo, el rostro de Dios encarnado.
Yo me uno a esa espera, sintiéndome con María esperanza. Un infantil atrevimiento me lleva a pedirle que mi espera sea en su corazón, que me permita crecer en su corazón como su hijo creció en su seno, que experimente la hondura, la densidad, la ternura de su amor. Que mi crecer sea coexistente con el crecer de su hijo, ya que su maternidad es sin límite, universal; pero mi filiación respecto a ella sé que es radicalmente personal. Su corazón creado en plenitud de gracia posibilita un amor esencialmente plural, pero al mismo tiempo radicalmente personal.
Maravillas del adviento, tiempo sencillo, tiempo discreto, alegre, entrañablemente íntimo, pero de honduras y riquezas sobrenaturales inauditas.
Nos toca a cado uno descubrir, con la ayuda de María las delicias de poder esperar en su corazón.
Hubo un FIAT no pronunciado, pero profundamente vivido por un joven esposo, la persona más enamorada de una mujer en la tierra, de nombre JOSÉ; con él también podemos hablar de este piempo de espera y de esperanza. El Verbo es PALABRA, María es FIAT, José es SILENCIO.


