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Decir y hacer la verdad con cordialidad
De Seminario de Antropologia
| Autor Juan Fernando Sellés Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica |
El lenguaje es manifestación de la intimidad personal, manifestación de un dar personal, puesto que la persona es don. Como la persona es libertad, conocer y amar, la manifestación lingüística está llamada a ser libre, con sentido y amorosa. A la par, amistad manifestativa no puede haberla sin diálogo. A su vez, el diálogo requiere veracidad. ¿Cómo lograrla? Evidentemente para ello no son suficientes los equipos materiales, o técnicos expertos en medios de comunicación, aun siendo investigadores. Sin educación ética, social y objetiva, y sin mejora personal el fin deseado no comparece. Se requiere de una enseñanza integral, y es claro que ésta no puede ser sólo racional, puesto que el hombre no se reduce a su razón (menos a un ordenador susceptible de ser incrementada su base de datos). Se necesita, sí, perfección intelectual, para dirimir, seleccionar, cribar, jerarquizar lo aprendido; es decir, se requiere de hábitos racionales, y se precisa también de virtudes en la voluntad, aunque tampoco esto basta.
La primera perfección, la intelectual, comparece cuando a través del uso de cualquier lenguaje convencional se busca la verdad y se da con ella de modo claro, fin de cualquier habla. La verdad es doncella pudorosa que se retrotrae de las miradas con intereses pragmáticos. Su conquista sólo es posible con nuestro abandono en sus manos. Recuérdese en este sentido el legado de Aristóteles: “entre la amistad (Platón) y la verdad es una obligación sagrada dar preferencia a la verdad” . El uso reiterado de los lenguajes convencionales según verdad fragua en nosotros un incremento perfectivo de la voluntad, una virtud: la veracidad. En efecto, la clave de la información es la veracidad, siendo ésta una virtud de la voluntad que tiene como fin manifestar la verdad conocida . Por eso, no es una educación íntegra sino a medias aquélla que no se abre a la verdad irrestricta. Una enseñanza, use el medio que use y sírvase del lenguaje convencional que elija, polarizada en la transmisión de verdades parciales, miente en cuanto no dice lo que guarda en el tintero, a saber, el vínculo de esas verdades y su lugar jerárquico, su encuadre con la totalidad de lo real, física, humana y abierta a la trascendencia.
Nunca como ahora hemos dispuesto de más lenguajes convencionales y más sofisticados, ni de más medios de comunicación para transmitirlos. ¿Qué buscamos con ellos? Si la respuesta a esta cuestión es encuadrada inexorablemente dentro de fines pragmáticos no hemos superado la sofística, aunque la hayamos sofisticado... Si lo que se busca es educar en la verdad, jamás hemos estado tan cerca de poder educar a la población mundial, para conseguir no sólo una sociedad justa, sino un paulatino e ininterrumpido crecimiento humano: convertir el mundo en un diálogo en la verdad. Pero esa verdad se debe afirmar serenamente, sin polémicas, aceptando más la verdad personal de la persona con quien se dialoga que la verdad que se le dice. Si se acepta a la gente no se la humilla. Si se la humilla, se miente personalmente con ella en la medida en que no se la acepta personalmente. Se miente personalmente porque una persona es coexistencia y, por tanto, está creada de forma abierta a la verdad de las demás personas. Si se cierra a ellas o claudica de su búsqueda, también subjetiviza su propia verdad personal.
Los medios de comunicación deben ser medios de cohesión social, mundial, no de división (regional, nacional, etc.). En la medida en que fomentan la polémica, aunque lamentablemente eso sea lo que más venda, no instruyen, sino que hostigan las pasiones humanas más bajas. Los informativos deben ser, además, formativos, no deformativos. No pueden formar si admiten un orden jerárquico de importancia distinto del que existe en lo real. Por ejemplo, si consideran que cualquier ideología (de izquierda, centro derecha, etc.) prevalece sobre la verdad; si anteponen cualquier acontecimiento regional a cualquier problema grave mundial, etc. ¿Cuál es el orden jerárquico real? Primero, Dios y la vinculación del hombre a él; segundo, la coexistencia humana; tercero, las manifestaciones esenciales de la persona humana, que son también jerárquicas (ética, sociedad, lenguaje, trabajo…); cuarto, la mejoría de la naturaleza o corporeidad humana (salud enfermedad, consumismo hambre, riqueza pobreza, sexualidad hedonismo, deporte espectáculos, etc.); quinto, la mejora del mundo físico (zoología, biología, ecología, investigación física, química, etc.). Obviamente, este breve elenco habría que fundamentarlo y desarrollarlo mucho más, pues sin esa graduación no se puede ser realista, sino pragmático, ideólogo, economicista, etc.


