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Diferencia intencional entre lenguaje y pensamiento

De Seminario de Antropologia

Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica

El pensamiento humano no es el lenguaje. Es irreductible a él. El pensamiento humano es más cercano a cada persona que el habla externa. Sin embargo, ambos son remitentes, intencionales. Se entiende por intencionalidad la remitencia de lo pensado o de lo dicho a la realidad, a la que la idea o la palabra se refiere. Ahora bien, la referencia de lo pensado a lo real es netamente distinta, por superior, a la que logra el lenguaje convencional oral o escrito . El objeto pensado es puramente intencional; se agota remitiendo a lo real. En cambio, la palabra es intencional, pero no absolutamente, porque se lo impide el componente físico que posee, la materialidad de los sonidos o de los signos gráficos. Dentro de lo físico la palabra es lo más intencional, lo más remitente. Con todo, es inferior al pensar. La intencionalidad de la palabra no es natural sino convencional. En cambio, la del objeto pensado es natural. La intencionalidad de la palabra reside en el significado sobreañadido por convención a esa palabra. A lo pensado, en cambio, no se le añade nada, y menos por convención.

Pensar es condición de posibilidad de hablar y, a su vez, el hablar lo es del hacer. El pensar rige el habla y el habla la actividad externa. El pensar piensa bien el lenguaje, pero el lenguaje habla bastante pobremente del pensar. Correlativamente, el lenguaje habla bien de las acciones transitivas humanas, muchas veces mejor de lo que son, pero las acciones indican muy pobremente lo que es el lenguaje. Pensamiento y lenguaje se distinguen realmente a las claras. En efecto, la intencionalidad de lo pensado no es convencional. Si así fuera, la verdad como adecuación a lo real sería imposible, y la comunicación interpersonal no tendría como norte la verdad, sino el acuerdo voluntario. El rechazo de la tesis voluntarista provino históricamente del racionalismo y del idealismo modernos, que entendían por verdad únicamente la coherencia lógica interna de la mente consigo misma. La hermenéutica, propia del s. XX, pese a incoarse dentro del idealismo, se desvió de su planteamiento en lo que al lenguaje respecta, porque postuló la posibilidad de diversas interpretaciones, de “muchas lecturas” o verdades sobre un mismo tema y nunca una verdad definitiva, lo cual vino a suponer no pocas veces una oscilación clara hacia el nominalismo .

La intencionalidad lingüística es convencional. El lenguaje se distingue según su intencionalidad de la del pensar. Esta preocupación en torno a la diferencia entre la intencionalidad lingüística de la propia del pensamiento preocupó en el nacimiento de la llamada filosofía del lenguaje, a fines del s. XIX. Empero, la diferencia entre ambas intencionalidades es neta, y niega, frente a ciertas tesis radicales de la filosofía analítica del s. XX, el intento de absorción del pensamiento en el lenguaje. El pensar no se reduce al lenguaje porque el pensar no es convencional. La intencionalidad cognoscitiva no puede ser convencional porque es puramente intencional. En efecto, el objeto pensado se agota siendo pura remitencia; semejanza respecto de lo real, decían los filósofos medievales. El lenguaje no puede ser meramente intencional porque hay algo en él no remitente y algo remitente. Remitente es el significado de la palabra convencionalmente a ella añadido No remitente es la materialidad, sonora o gráfica, de la palabra misma. Por otra parte, nunca se dice con exactitud lo que se piensa, sencillamente porque el lenguaje es inferior al pensar y no puede expresar lo pensado con fidelidad. De lo contrario la metáfora estaría de más o carecería de sentido. En efecto, la metáfora es un decir que no termina en lo dicho, sino que sugiere mucho más de lo que dice . Lo inferior no puede con lo superior sino al revés.

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