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Distinción corpórea y psíquica

De Seminario de Antropologia

Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica

En cuanto a la corporeidad, es obvia la homogeneidad somática a pesar de las distinciones sexuales. De modo que se puede hablar de unidad de naturaleza humana en la diversidad de modos de encarnarla. Como el cuerpo es expresión de la persona, se puede hablar de comunidad de personas a través de su naturaleza. Y ello indica que la persona, también en su corporeidad, es incomprensible en soledad. De ahí el carácter complementario de la masculinidad y la femineidad. Reparemos ahora en algunas distinciones somáticas. El cuerpo del varón es distinto del de la mujer desde la formación del embrión . En la embriogénesis esas distinciones se acentúan. Con el nacimiento, el cuerpo femenino es más receptivo que el masculino, por eso las niñas aguantan mejor las enfermedades que los niños. Con el desarrollo infantil y juvenil se ve que el cuerpo del varón está mejor dotado que el de la mujer en una serie de cualidades. El cuerpo del varón está diseñado más para aportar que para recibir. El de la mujer, a la inversa. Además, el cuerpo de la mujer está, por así decir, más unido a su persona que el del varón a la suya. Que este hecho es así parece lógico, porque si el cuerpo humano femenino está nativamente más desvalido, la persona de la mujer debe volcarse más sobre su corporeidad para protegerla que el varón sobre la suya, y eso, en la mujer, indica mayor unión con su cuerpo por parte de la persona. También el sistema nervioso presenta distinciones entre el varón y la mujer . Son distintos asimismo su modo de hablar, de imaginar, de percibir, de desear, en los sentimientos sensibles, y, sin duda alguna, son muy distintos los movimientos corporales o modos de comportarse.

A nivel de la psicología el varón es más objetivo, más teórico, científico, constructor, especializado, etc. La mujer es más práctica. Respecto de las personas, suele decirse que la mujer es más intuitiva, y el conocimiento intuitivo (personal) es superior al racional. La mujer es más sensible, servicial, compasiva, sacrificada, generosa, constante, reunitiva, atractiva, convocadora, sistémica, circunspectiva, etc. Eso indica que las potencias espirituales humanas, inteligencia y voluntad, están más unidas a la persona, más personalizadas por tanto, en la mujer que en el varón. En una palabra, la mujer está más unida a su feminidad que el varón a su masculinidad. El “para” de la mujer referido a personas, y también a la persona del varón, en cualquier estado y condición, se ve más claro que el “para” del varón, con relación a personas, también con respecto a la persona de la mujer. Además, lo propio de la mujer es la belleza, y la belleza es lo que atrae y reúne; y eso no es sólo externo, sino, sobre todo, interno.

El organismo masculino y el femenino son distintos, aunque no simétricos, como tampoco lo son el varón y la mujer. En el varón no se manifiesta tanto su ser personal en su naturaleza y esencia. En este sentido se dice que el varón es más objetivo, es decir, que las facultades de su esencia y de su naturaleza dejan traslucir menos el ser que uno es. En la mujer sucede lo inverso, manifiesta más quien es ella en su pensar, en su querer, y en sus gestos. Por eso se dice que es más subjetiva, y consecuentemente, más reunitiva, es decir, tiene más en cuenta a las personas . Ello indica, como se ha dicho, que en la mujer su modo de ser se identifica más con su feminidad que el ser del varón con la virilidad . Y ello a todos los niveles. En efecto, eso es así, de ordinario, en la familia, en la afectividad, en el campo de las relaciones sociales, culturales, académicas, laborales, etc. Mujer y varón no son iguales en la naturaleza y en la esencia; no lo son ni corpórea ni psíquicamente. La “igualdad” es mental, no real. En la realidad no existe nada “igual”. ¿Serán acaso iguales el varón y la mujer como personas? Tampoco, porque todas las personas son distintas entre sí. No es que “la dualidad sexual distinga a la persona, configurando una persona masculina distinta de una persona femenina” , porque sencillamente todas las personas como personas son distintas. Lo sexual parece ser más del ámbito de la manifestación que del núcleo personal. Por otra parte, suele defenderse con ahínco que varón y mujer son iguales en dignidad. Desde luego que toda persona humana es dignísima por el hecho de serlo. Ahora bien, si toda persona es distinta, lo que hay que decir es que no existen dos dignidades “iguales”, y ello también entre varones o entre mujeres. La dignidad de cada quién responderá a si es más o menos la persona que está llamada a ser, es decir, si responde más o menos al proyecto personal para el que ha sido creada.

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