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El Conocimiento sensible

De Seminario de Antropologia

El conocer humano - Conocer personal - Conocimiento práctico - El Conocimiento racional


Tabla de contenidos

[editar] Nociones preliminares

[editar] Objecto sentido y acto de sentir

Se distinguen entre sí por varias cosas: órganos, actos, objetos, etc. No sólo se distinguen por los diferentes órganos: oídos, ojos, cerebro, etc. También se distinguen por los actos (oír, ver, imaginar, etc.), y asimismo, por los objetos sentidos (sonidos, colores, imágenes, etc.). Los objetos sentidos no son las realidades externas (árboles, casas, etc.), sino lo que conocemos de la realidad externa por los sentidos (sonidos, colores, etc.). A los objetos de los sentidos se les denomina sensibles. La realidad material afecta, inmuta al órgano del sentido (al ojo, no al color visto, ni al acto de ver, ni a lo que sobra de la facultad de la vista que no se emplea para dar vida al órgano del ojo). Pero el objeto sentido no es la realidad, sino una forma que remite aspectualmente a ella (ej. lo visto no es la ‘materia’ de la casa, sino sus ‘formas’ coloreadas. Lo que está en el acto de ver –no en el ojo– no es el cemento de la casa, las piedras, maderas, hierros, etc., sino el colorido que la vista percibe de esas realidades).

El objeto sentido no es aquello que se siente, sino aquello por lo que se siente. Lo que se siente es la realidad. Aquello por lo que se siente es una ‘forma inmaterial’ que remite a un aspecto de lo real. Ese ‘por’ indica que el objeto sentido es intencional respecto de lo real. ‘Intencional’ quiere decir que es puramente remitente a la realidad física. El objeto sentido es una ‘forma’ desligada de la materia; una forma que se agota siendo referente a la realidad física. No tiene, pues, naturaleza física, sino intencional. El objeto es objeto al sentirlo el acto de sentir, no antes ni después. En cambio, la realidad material es física antes, después y al margen de sentirla. Por eso hay que distinguir entre la inmutación del órgano (ej. las radiaciones que afectan al ojo) y lo visto (ej. las manchas de colores percibidas), pues cabe que se den unas sin las otras (ej. cabe que se estimule el ojo, pero que éste no vea).

El acto de sentir y el objeto sentido no se pueden dar por separado, pues el objeto lo forma o presenta el acto. Si no se siente, no hay nada sentido; si hay algo sentido, es porque se ejerce un acto de sentir. El objeto sentido es ‘formal’, no material, y por ello, no tiene los componentes materiales de la realidad física, sino que es una ‘forma’ que forma el sentir para conocer un aspecto de la realidad física. Por tanto, aunque la realidad externa sea causa del sentir, en cuanto que afecta el órgano, tal realidad no forma el objeto sentido, porque tal objeto no es material. En la dualidad acto–objeto no cabe separación, pues sentir es sentir algo (algo es el objeto sentido; lo sentido por el acto de sentir); y si se siente algo es porque se está sintiendo (ejerciendo un acto de sentir).

[editar] Componentes necesarios de la sensación

En el sentir hay que diferenciar estos componentes:

a) La realidad externa física que inmuta, afecta, al órgano del sentido.
b) El medio real (gases, líquidos, sólidos) por medio del cual lo afecta, aunque estos medios también son realidad física externa.
c) El soporte orgánico de la facultad, potencia o sentido que es afectado (oído, ojo, etc.). d) La facultad sensible entera, que no es sólo material, orgánica, sino que posee un sobrante formal (ej. la facultad de la vista no se reduce a lo biológico del ojo, sino que da para más: precisamente para ver).
e) Lo que los clásicos llamaban especie impresa, que es la afectación parcial del estímulo externo sobre el órgano, porque el órgano no es afectado enteramente (ej. los rayos del sol afectando en parte sobre el ojo). Si lo afectara de modo completo se corrompería el órgano (ej. se produciría la ceguera).
f) El objeto sentido, que no es la realidad física, ni la especie impresa, sino la forma intencional que remite a lo real, es decir, lo conocido de la realidad por el sentido (ej. los colores).
g) El acto de sentir, que conoce lo real según el objeto (ej. el acto de ver).

En la sensación intervienen, por tanto, varios componentes materiales y varios inmateriales. Materiales son

1) la realidad física externa,
2) el medio,
3) el soporte orgánico de la facultad y
4) la especie impresa.

Son inmateriales:

1) lo formal de la facultad, pues sin su sobrante formal no se daría conocimiento;
2)el acto y
3) el objeto conocido. La facultad sensible es orgánica, es decir posee

soporte orgánico, pero ella no se reduce a él, ya que es capaz de sentir, porque no se agota informando, vivificando, organizando al órgano, a su soporte orgánico, sino que es capaz de más. ¿De qué? Precisamente de hacerse con, de poseer, las formas de las realidades sensibles sin su materia. Las formas de lo real sensible sin materia poseídas por la facultad son los objetos y los posee mediante sus actos cognoscitivos. Los actos son posesión intrínseca de objetos. Como el objeto es fin del acto –no en sentido de término sino de perfección–, se dice que el acto es posesión inmanente de fin. Contrarios a lo dicho son 2 errores:

1) El materialismo o empirismo cognoscitivo. Esta filosofía sostiene que en el conocer humano todo es material (ej. suele decir que el acto de conocer, el objeto conocido, etc. son neuronas, conexiones neuronales, etc.). Pero no es así, porque ni el objeto ni el acto ni el sobrante formal de la facultad son materiales. Por ejemplo, la realidad es coloreada, pero el color visto de ella, como visto, no es material; tampoco el acto de verla es material, pues el ver no se ve, ni se pesa, ni mide, etc. La facultad de la vista tampoco es enteramente material, porque no se reduce al ojo, ya que cabe ojo sin ver (ej. el de un animal muerto). En efecto, en los sentidos no todo se reduce a cuerpo o a materia, porque caben cuerpos con los mismos componentes físicos que los seres vivos sensitivos, que no sienten: los cuerpos muertos, y éstos, obviamente, son materiales.

2) El idealismo y el nominalismo. Estas filosofías desconocen que el objeto conocido es intencional.

a) El idealismo es una filosofía que defiende que no podemos conocer la realidad externa tal cual ella es, porque lo único que conocemos son los objetos conocidos, ‘las ideas’, y como éstas son internas, no podemos saber cómo es lo externo. No es así, porque el objeto o forma poseída por el acto es enteramente intencional, es decir, pura remitencia aspectual a lo real.
b) El nominalismo es una filosofía que mantiene que sólo conocemos lo real singular por intuición y que, por tanto, las ideas u objetos son inventos mentales, universales, que nada tienen que ver con lo real. Tampoco es así, porque el objeto es pura remitencia a la realidad externa.

[editar] Clases de sensibles

Sensibles son los objetos o formas sentidos. Hay tres tipos de sensibles: propios, comunes y por accidente. Sensible propio es el que se percibe por un sólo sentido y no puede ser conocido por los otros (ej. los colores por la vista). Sobre él, el sentido que lo capta en exclusiva, no se equivoca. Sensible común es el que puede ser conocido por varios sentidos y, en algunos casos, por todos (ej, el tamaño se capta por la vista, el tacto, etc.). Los sensibles propios son los siguientes: lo caliente y lo frío, lo seco y lo húmedo, lo duro y lo blando, etc., para el tacto; los sabores para el gusto; los olores para el olfato; los sonidos para el oído y los colores para la vista, en los sentidos externos.

Los sensibles comunes a todos los sentidos externos, según el elenco de Aristóteles son cinco (aunque podrían ser más): el movimiento, el reposo, el número, la figura y el tamaño. Todos ellos están correlacionados, de modo que uno no es posible sin el otro (ej. no hay figura de la casa sin tamaño en la misma; no se capta el avión en movimiento sin la cierta quietud del cielo azulado). Los sensibles comunes no son homogéneos (ej. el espacio que ve la vista no es el mismo que oye el oído). Ello se debe al sensible propio de cada uno. A la par, sin los comunes no sería posible la distinción entre sensibles propios de cada facultad. En efecto, sólo conociendo sensiblemente lo común por varios sentidos, podemos separar lo propio de cada uno de ellos.

El sensible por accidente (per accidens) no es un sensible de los sentidos externos, sino lo conocido por el sensorio común, a saber, la diferencia entre los distintos actos de los sentidos externos (ej. percibir que el acto de oír no es el de ver).

[editar] Sentidos externos

Aristóteles y Tomás de Aquino distinguen nueve géneros de objetos diferentes en los sentidos, que comportan diversidad en los actos, y en consecuencia, potencias o facultades diversas. Los sentidos externos son cinco: tacto, gusto, olfato, oído y vista, siendo el tacto plural, y el gusto una especie de tacto. El criterio de su jerarquía estriba en la separación. Más se conoce cuanto más separadamente se conoce. En los internos distinguen cuatro: el sensorio común, la imaginación o fantasía, la memoria y la estimativa o cogitativa (según se trate del animal o del hombre). La distinción entre las diversas operaciones y objetos es jerárquica. Un acto es diverso de otro en la medida en que conoce más que el anterior. Ese más es, sencillamente, lo que de ninguna manera podía conocer el inferior.

[editar] Los sentidos externos inferiores

El inferior o menos cognoscitivo es el sentido del tacto. No es una facultad única sino plural y, por ello lo tangible no es una cualidad única sino múltiple. Los sensibles propios suyos son lo caliente y frío, lo seco y lo húmedo, lo duro y lo blando, lo rugoso y lo liso. Fisiológicamente hay distintos receptores para cada uno de esos sensibles. No usa de medio alguno para percibir, puesto que el medio es el propio órgano; por eso, conoce por contacto, sin distancia. Es el sentido más básico y necesario, presente en el animal menos perfecto (ej. hay animales como la ameba que sólo disponen de este sentido). Es el menos cognoscitivo porque permite conocer menos diferencias; no vence ni el espacio ni el tiempo. ¿Cuál es su soporte orgánico? Está repartido en todo el cuerpo, tanto en la superficie como en el interior.

El sentido del gusto parece una especie de tacto, pero es diferente del tacto porque no es convertible con él, puesto que puede conocer objetos sensibles que son incognoscibles para el tacto (ej. lo amargo, lo dulce, etc.). Su soporte orgánico es la lengua. Como el tacto, tampoco usa de medio, sino que conoce por contacto, con el propio órgano, aunque ha de contar con la humedad (la segregación de la saliva) como de requisito imprescindible para gustar. Como conoce por contacto tampoco vence el espacio, la distancia, ni el tiempo. Es más cognoscitivo que el tacto, pues detecta más matices que él. Su objeto propio son los sabores. Los sabores extremos parecen ser lo dulce y lo amargo. Entre los intermedios, lo picante, lo áspero, lo agrio, lo ácido, etc.

El superior de los sentidos externos inferiores es el olfato. Su soporte orgánico, en sentido amplio, son las terminaciones nerviosas que se encuentran en la nariz. Su objeto propio son los olores. En nosotros está menos desarrollado que en muchos animales. El medio que utiliza es el aire y el agua (entendiendo por tales, gases y líquidos). Conoce a distancia, porque todos los animales que respiran rastrean al respirar. Vence en cierta medida, por tanto, el espacio. Es un sentido superior a los precedentes. En los animales esto parece claro, porque su olfato es más fino que el humano; pero en el humano también se nota, porque capta a distancia, asunto vetado para el tacto y el gusto; por tanto, conoce más, puede más que ellos.

[editar] Los sentidos externos superiores

El inferior es el oído. Su soporte orgánico está constituido por todo el oído. Su objeto propio son los sonidos. También en él hay muchos animales que aventajan a los hombres. El medio a través del que puede percibir es el aire y agua (gas, líquido). Vence más la distancia, el espacio. Es más cognoscitivo, pues capta, además, la tonalidad de los sonidos, muchos matices. Su término medio son los diversos sonidos mediales de la escala acústica, siendo sus extremos, lo agudo y lo grave, perjudiciales ambos para la audición: los excesivamente graves por no ser audibles, y los excesivamente agudos por corromper la naturaleza del órgano. Un sensible especial del sonido es la voz. La voz, además, posee cierta significación, con lo cual los animales dotados de voz poseen imaginación, porque se representan las cosas y las designan con la voz.

El superior es la vista. Su soporte orgánico es, en sentido amplio, el ojo. Su objeto propio, los colores. En él nos aventajan también algunos animales (muchas aves por ejemplo). El medio, al igual que el de los dos anteriores, es el aire y el agua (gases-líquidos). Vence más que ningún otro la distancia, el espacio, y vence más el tiempo, porque juega con lo más veloz del mundo físico: la luz. Es el más alto de todos los sentidos externos por este motivo, pero también porque es el que más diferencias capta en lo real físico, y, por ello, lo preferimos a los anteriores. Está en correlación con la luz, pues sin ésta, que es lo más formal (lo menos material) del mundo físico, los colores no son tales, y no son, por tanto, visibles. La luz no es visible por sí, sino que es visible lo iluminado por ella, el color anejo a ella, que ella ilumina. Aristóteles señaló que la luz es acto respecto lo transparente, y lo que más vence la distancia y el tiempo en lo físico. Todo lo cual indica que la luz es para la vista, que la luz es física y que el ver no lo es.

[editar] Los sensibles comunes y los sentidos externos

Los sensibles comunes se perciben por varios sentidos externos. Comunes a todos los sentidos son el movimiento, el reposo, el número, la figura y el tamaño. No hay más sentidos externos porque toda cualidad conocida sensiblemente por los actos de los sentidos externos es reducible a uno de ellos, si es sensible propio, o a varios, si es común. Se puede decir, además, que hay otros aspectos comunes en los sentidos externos, como es el medio, pues o bien se puede conocer por contacto (tacto y gusto), o bien por medio del aire y agua (olfato, vista, y oído). Existen esos sentidos; pero no se ve por qué no puede haber más o menos. Sí se ve la conveniencia de que no haya uno sólo. ¿Por qué? Para captar los sensibles comunes, que pasarían inadvertidos más fácilmente, porque asociaríamos los comunes al propio del sentido. ¿Qué pasaría si con un sólo sentido captáramos colores, sonidos, olores…? No habría jerarquía entre objetos sensibles, pero ¿podríamos diferenciar entre color y movimiento, por ejemplo? Obviamente no. ¿Qué ventaja tiene esta distinción? Que nos permite conocer la realidad física tal cual es. No son, pues, lo mismo el color que el movimiento.

¿Captan los sentidos por igual los sensibles comunes? ¿Se capta por igual el movimiento del vuelo de un avión por la vista que por el tacto? Por suerte no. Se capta mejor por unos que por otros. ¿Qué significa ese "mejor"? Sencillamente que hay jerarquía; que unos sentidos son más cognoscitivos que otros. Sin sensibles comunes no podríamos saber que por los colores conocemos más que por los sonidos. Entonces, ¿cuál es la finalidad de que sintamos sensibles por varios sentidos? La respuesta no puede ser más que ésta: para darnos cuenta que por unos los captamos más y mejor que por otros. Los sensibles comunes manifiestan, por tanto, que los sentidos externos son jerárquicamente distintos.

[editar] Sentidos internos

Los sentidos internos son aquellas facultades con base orgánica que permiten conocer lo que era desconocido para los sentidos externos. La base orgánica de los sentidos internos más altos es especial, porque crece también orgánicamente (se trata de las interconexiones neuronales). Lo primero que no conocen los sentidos externos son sus propios actos de sentir, tema que conoce el sensorio común. Los sentidos externos no conocen tampoco los objetos a menos que lo real físico esté presente. Conocer lo físico concreto ausente, reobjetivarlo, recordarlo, transformarlo, realizar nuevos proyectos en concreto, es propio de otros sentidos internos, la imaginación, la memoria y la cogitativa. Actualmente a la sensibilidad interna se la denomina percepción sensible. Todos estos sentidos conocen más que los externos, lo cual supone que el crecimiento es en una interioridad más profunda que la del organismo −en este caso, el cerebro−. ‘Internos’ indica que conocen lo que no es físico, material.

[editar] El sensorio común

El sensorio común es la facultad por la que conocemos los actos de conocer de los sentidos externos. Notamos, sentimos, que vemos, oímos, etc. (no vemos que vemos, ni oímos que oímos, etc.). A ese conocimiento también se le llama conciencia sensible. Su soporte orgánico es el sistema nervioso, incluso a nivel cerebral, aunque no todo el cerebro. Su "objeto propio" no es ningún "objeto" sino los actos sensitivos de los sentidos externos. Siente los actos de modo común, de modo vago, pero los siente como distintos, pues nota que el acto de ver no es el acto de oír, etc. Conoce, pues, las diferencias entre uno y otro, pero no de modo perfecto, sino con cierta vaguedad, que es selectiva, porque de lo contrario, no podría conocer lo que de común hay entre ellos. Sentir que se ve no es ningún ver, ni ningún color. Sentir que se oye no es oír alguno o algún sonido. El ver no se ve, sino que se ven los colores; el oír no se oye, pues se agota oyendo sonidos. Los sentidos externos no se refieren a sí mismos, precisamente por constar de base orgánica, que impide la autorreferencia, pues la materia no es autorreferente.

Al sentir un acto como distinto de otro el sensorio común siente lo que tienen en común, pero como cada uno de esos actos forma objetos distintos, el sensorio común percibe la diferencia entre actos y, correlativamente, entre objetos sentidos. No se perciben el color y el sonido como diferentes sino su diferencia. Como los actos (ver, oír, etc.) de los sentidos externos no se dan separados de sus objetos (colores, sonidos), el sensorio común percibe a la vez que siente los actos, la diferencia entre los objetos. Es imposible conocer objetos distintos como distintos por los propios sentidos externos. El sensorio común vence ese límite, pues conoce la diferencia entre cualidades distintas a la vez en un único sentido. Por eso se puede decir que el objeto propio suyo es la diferencia sensible.

La aludida diferencia es el llamado sensible por accidente, es decir, lo que no capta como propio ningún sentido externo. Esa diferencia no es ningún objeto (color, sonido, movimiento, etc.), pues lo que capta directamente no son objetos, sino la distinción de los actos. Un acto no es un objeto y no se conoce a modo de objeto. Sí la diferencia entre actos no es realidad alguna que inmute o afecte a la facultad, tampoco es objeto como tal. Si su "objeto" propio no es ningún objeto, sino que son los actos de la sensibilidad externa ¿cuál es la especie impresa que afecta a su órgano? La respuesta no puede ser más que ésta: ninguna. En efecto, los actos no son físicos ni biofísicos ni afecciones orgánicas, sino inmateriales. Por tanto, no pueden inmutar orgánicamente al sensorio común. El sensorio común no es antecedido por especie impresa.

Sentir, percibir, que se ve, oye, etc., no es sentir ni la facultad (de ver, oír, etc.) ni los objetos directamente (colores, sonidos, etc.) sino los actos. Los actos no son nada físico, pero son más reales que lo que se capta de la realidad física por medio de los objetos de los sentidos externos. Más reales porque lo más real es lo más activo. Por eso, este sentido es superior a los precedentes, porque conoce más de lo real. Además, es una única potencia, que pese ello, conoce los actos de todos los sentidos externos, lo cual es otro síntoma de jerarquía. No guarda memoria, es decir, sólo conoce los actos cuando los actos se ejercen. Se puede comparar con los sentidos externos como el punto a los diversos radios de una circunferencia que en él confluyen como en su centro. Es el término de ellas, o el fin.

Al conocer el acto de los sentidos externos, se conoce por primera vez cómo es la vida sensitiva, cosa que no conocen los sentidos externos. Esto indica que la sensibilidad externa no es fin en sí, sino que ella conoce para que el sensorio común conozca más. El sensorio común es, pues, fin gnoseológico de los sentidos externos. Además, no vemos, oímos, etc., si no sentimos que vemos, oímos, etc. Esto indica que el sensorio común es como la raíz o principio de los sentidos externos. En efecto, unas potencias nacen de otras (no los actos), y los sentidos externos nacen de éste.

A la par, al sensorio común sigue el conocimiento de los sentidos internos superiores (imaginación, memoria y cogitativa); no hay conocimiento en ellos si no hay conocimiento en el sensorio común. Aquellas facultades son superiores, más cognoscitivas que éste. Ahora bien, si tales sentidos internos son superiores al sensorio común, no tendremos conciencia sensible de ellas. En efecto, no sentimos que imaginamos, recordamos o trazamos proyectos concretos de futuro. Somos conscientes de ejercer esos actos, pero no se trata de una conciencia sensible, sino superior. Esto indica que a nivel sensible la conciencia no es el conocer superior.

[editar] La imaginación

La imaginación también se llama fantasía. Lo suyo propio es retener los objetos conocidos por los sentidos externos. Por eso se la llama también tesoro (thesaurus). Es superior a la conciencia sensible (sensorio común) porque el conocer superior a sentir que vemos no es sentir que sentimos que vemos, es decir, no es ‘la conciencia de la conciencia sensible’. En ese caso se abriría un proceso al infinito: conciencia de conciencia de conciencia... Pero en ese proceso no subiríamos de nivel cognoscitivo, sino que se reiterarían actos iguales sin añadir más conocimiento. El paso superior no es un proceso al infinito en actos de conocer del mismo nivel, sino precisamente el conocer (acto) la posibilidad de proceso al infinito, lo cual es un objeto de la imaginación. En efecto, la imaginación reobjetiva lo conocido y lo reduplica indefinidamente (ej. el espacio y el tiempo infinitos son de ese tipo de imágenes). Es evidente que conocer esto es superior a lo que conoce el sensorio común, que conoce puntualmente y no una serie infinita.

Por otra parte, ni la sensibilidad externa ni el sensorio común tienen un conocimiento reglado, sino cambiante, panorámico. La imaginación humana conoce reglas, proporciones, y, por tanto, conoce más orden, perfección (ej. de una casa la imaginación no conoce sus colores tan nítidos como la vista, pero sí sus proporciones, la altura, anchura, profundidad, etc.; una pieza de música tiene más proporción entre sus acordes que los sonidos meramente naturales, y no cabe partitura sin imaginación).

La imaginación es una facultad que nos permite conocer imágenes. Su objeto propio es, pues, la imagen. Todas las imágenes son elaboradas a partir del conocimiento de la realidad física, pero se pueden imaginar sin que las realidades físicas estén presentes. Unas imágenes son remitentes a la realidad física (ej. hombre, caballo, mujer, pez, etc.); otras, en cambio no (ej. centauro, sirena, etc.). El soporte orgánico de la imaginación es la corteza cerebral, al menos algún campo o área de ella. Característico de ella es que reobjetiva, es decir, que vuelve a poner el objeto en presente, pero no tal cual ha sido visto, oído, etc., sino mejorado, reglado, proporcionado. Por eso se puede hablar de representación, en el sentido de ‘volver a presentar’, evocar. El objeto-imagen no es exactamente el mismo que el objeto-visto, pues sería superfluo, por no añadir conocimiento alguno sino reiteración de lo mismo. La imaginación no se limita a presentar lo mismo, sino que compone, asocia, etc. Su intencionalidad es atemporal, pues no evoca el pasado ni tampoco proyecta al futuro.

A diferencia de los sentidos externos y del sensorio común su soporte orgánico (las interconexiones neuronales) no está enteramente constituido. Crece biológicamente durante mucho más tiempo que los órganos de aquellas facultades. Las neuronas existen tras la embriogénesis, pero la fijación de sus circuitos neuronales crece especialmente durante la pubertad y la adolescencia. De modo parecido al sensorio común, no tiene una realidad (especie impresa) que inmute al órgano (la realidad física no pincha o estimula –por suerte– al cerebro). Como no hay realidad física que inmute, pero hay objeto conocido −imagen− que es presentado al imaginar, ello indica que la imagen la forma el propio acto, que no viene de fuera; la imaginación forma sus propios objetos, sin necesidad de la inmutación real presente.

La imagen difiere del objeto sentido por los sentidos externos (colores, sonidos, etc.) en que puede darse sin que se den aquéllos, como cuando se imagina sin los sentidos (con los ojos cerrados, por ejemplo), o sin sensorio común (como en los sueños), es decir, sin conciencia sensible. La imagen es siempre particular.

[editar] La memoria

La memoria sensible es más cognoscitiva que la imaginación, porque añade a ésta la intención de pasado. Si la imaginación reobjetiva (vuelve a presentar objetos ya conocidos anteriormente), la memoria es la facultad sensible que permite conocer que eso se ha sentido antes. Al igual que la imaginación, su soporte orgánico es la corteza cerebral. Los clásicos aludían a la parte posterior del cerebro al hablar del soporte orgánico de ella, a la frontal para la imaginación y a la zona media para la cogitativa, pero dado que existen interconexiones entre todas las partes del cerebro no es caso el zonificar excesivamente.

Su objeto propio son los recuerdos, pero no todos, sino los de asuntos sensibles y particulares. No es suyo propio, por ejemplo, recordar pensamientos de la razón o asuntos que se han querido por la voluntad. Esa otra memoria es intelectual. Si al acto propio de la imaginación cabe llamarlo imaginar, al de esta facultad se puede designar como recordar. La memoria conserva lo que los sentidos inferiores (externos y el común) no pueden. Es el tesoro de las intenciones sensibles tenidas. No conoce el pasado concreto en pasado, sino en presente. Ni ella ni ningún sentido interno es temporal en su actuar. Afecta el tiempo, el movimiento, a su soporte orgánico, pero no a sus actos y objetos. Por ello, conocer el tiempo y el movimiento no es ser tiempo ni movimiento. Como la imaginación, los objetos que forma son aquéllos que antes han sido conocidos por los sentidos externos.

Dado que el sentido más cognoscitivo de los externos es la vista, se recuerdan más los objetos vistos, aunque también se recuerdan olores, sonidos, etc. la memoria no conoce los objetos externos con la misma nitidez, colorido, etc., con que se presentan en los actos de los sentidos externos. ¿Por qué? Porque es selectiva, recoge lo más importante y representativo, no lo anecdótico. Esa es, además, la diferencia entre una memoria cultivada y otra coloreada, es decir, pegada a la sensibilidad externa. La educada recoge lo que mejor servirá al pensamiento.

[editar] La cogitativa

La cogitativa es superior a la imaginación y a la memoria. Añade a éstas la intención de futuro, el proyecto. Acertar en el futuro es más difícil que recordar el pasado, y conocer el pasado es superior a no conocer el tiempo. La cogitativa o proyectiva es la facultad sensible humana que valora acciones realizables en el futuro. Su soporte orgánico también es la corteza cerebral. Su objeto propio, los proyectos concretos de futuro. Su intención es, por tanto, de futuro. En ella también se ve muy claro que conocer el tiempo no es tiempo, porque proyecta hacia el futuro, y eso todavía no es; no pasa de ser un objeto conocido. El futuro no es tiempo real todavía. Debido a la gran distinción entre el hombre y el animal en esta potencia, los medievales la llamaron estimativa en los animales. Se denominaba así, porque en ella se da una ‘estimación’, una valoración, del bien concreto a perseguir. Sin su mediación las tendencias apetitivas sensibles no se desencadenarían. Esa valoración implica un juicio particular que se puede referir a todo lo sensible; también a la memoria, porque es capaz de consolidar una experiencia, es decir, fraguar un experimento. El experimento se forma teniendo en cuenta objetos singulares guardados en la memoria, pero comparándolos, o sea, valorándolos.

Puede referirse a la imaginación, porque dispone de las objetivaciones de las otras facultades preparándolas para que la acción de la razón verse sobre ellas y se forme un abstracto. Es, por tanto, manifiesto que sin su mediación la razón no puede conocer. Posee una referencia al futuro, porque esa referencia nace por comparación de objetos presentes y pasados. Por tanto, puede referirse a la memoria. Juzgar acerca del resto de las potencias implica superioridad respecto de ellas.

Además, si en ella hay una valoración del bien concreto a conseguir, y la razón, que se apoya en ella para conocer el bien es la llamada razón práctica, es claro que la clásica distinción entre razón teórica y razón práctica parte de la alusión de la razón a esta potencia. La razón práctica conoce el bien y termina en el juicio particular de la cogitativa. También se servirá de ella la voluntad, porque la cogitativa conoce el bien real físico en concreto, y el objeto de la voluntad es el bien real en sí.

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