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El conocer humano
De Seminario de Antropologia
conocer personal - Conocimiento práctico
- Autor Juan Fernando Sellés
- Opúsculo completo a descargar en formato pdf : El conocer humano
Los 4 hitos fundamentales del conocer humano: sensible, racional, intelectual y personal.
El conocimiento humano no es simple, porque el hombre tampoco lo es (simple sólo es Dios). Si el conocer humano admitiese un solo nivel, siendo el hombre compuesto de muchos, dicho conocer no estaría en consonancia con su modo de ser, pues tal conocer había que colocarlo sólo en uno de los planos humanos, de modo que los demás no serían cognoscentes. Ahora bien, de no serlo, tales niveles no sólo tendrían menos valor que el cognoscitivo (puesto que es mejor conocer que no conocer), sino que, además, en modo alguno se parecerían al nivel cognoscitivo, es decir, en el hombre existiría una radical heterogeneidad entre sus diversas dimensiones.
Pero no es así, porque, si bien en el hombre no todo vale lo mismo ni está en el mismo plano, su conocer se encuentra en los diversos niveles del compuesto humano. No obstante, la distinción noética entre los distintos planos cognoscitivos es jerárquica. Lo que precede indica que los niveles noéticos superiores conocen más que los inferiores; precisamente aquello que los inferiores no pueden conocer. Del mismo modo, los hombres y las corrientes de pensamiento que usen, sobre todo, los niveles inferiores conocerán menos que aquellos otros hombres y corrientes de pensamiento que ejerzan en mayor medida los superiores. Con todo, no se trata de elegir entre un nivel cognoscitivo u otro, porque ninguno de ellos es superfluo, es decir, todos cumplen su papel.
Lo que precede es un planteamiento sencillo y fácil de aceptar por todo hombre, porque todos tenemos experiencia al respecto. Los filósofos lo han explicado usualmente sosteniendo que hay dos niveles en el conocimiento humano: el sensible y el racional, y que éste es superior a aquél. Ésta es una somera división que no ofrece dudas al sentido común. Sin embargo, algunos pensadores y corrientes de filosofía han invertido la jerarquía natural entre estos dos planos del conocer humano, pues han sostenido que el conocimiento sensible es superior, más cognoscitivo, que el racional. Por tanto, unos han atendido, sobre todo, al conocer sensible. Por reacción a ellos, otros han centrado su atención preponderantemente en el conocer racional hasta despreciar prácticamente el sensible.
Sin embargo, el conocer sensible y el racional no son los únicos en el hombre, y desde luego, no son los superiores modos humanos de conocer. De modo que detectar sólo esos dos niveles y polarizarse en alguno de ellos es quedarse con un planteamiento inicialmente sesgado. Lo que precede puede chocar al lector que, desde un planteamiento clásico, esté acostumbrado a definir al hombre como “animal racional”, pues seguro que preguntará: ‘¿acaso el hombre –de acuerdo con tal definición– no tendrá un conocer sensible, que responda a su naturaleza animal, y otro racional, que responda a la racionalidad?’. Asimismo, nuestra propuesta chocará también al lector más versado en la filosofía moderna y contemporánea, pues ésta suele ser una simetrización de la propuesta noética clásica, sólo que más radicalizada, pues no acostumbran a buscar la “y” o enlace entre lo sensible y racional, sino que prefieren la disyunción, y así, “o bien” encumbran al conocer sensible (empirismo, sensismo, materialismo, pragmatismo, voluntarismo, etc.), despreciando el racional; “o bien” ensalzan el racional sin prestar prácticamente atención al sensible (racionalismo, ilustración, idealismo, fenomenología, etc.).
Pero volviendo al punto de nuestra indagación, podemos volver a
preguntar: ‘¿acaso no dispone el hombre de un conocer sensible y de otro
racional?’ La respuesta es, desde luego, afirmativa: el hombre puede conocer de
un modo sensible y de otro racional irreductible al primero. Sin embargo, a esta
respuesta hay que añadir que el conocer humano no se reduce a los dos planos
mencionados. Por eso, hay que ampliar el espectro cognoscitivo humano desde el
inicio (desde la introducción), y también por eso, se ha visto conveniente redactar
esta nueva teoría del conocimiento humano que –al margen de los usuales
manuales– ofrezca desde el comienzo una perspectiva más amplia y ajustada a la
realidad noética humana.
Si el lector sigue preguntando ‘¿cuáles son esos otros niveles cognoscitivos humanos superiores a la razón (y a los sentidos)?’, se puede responder de un modo que experiencialmente le permita detectarlos en su propia vida. En orden a caer en la cuenta de ellos, se ofrecen a continuación estas dos indicaciones: una, se refiere al conocer inmediatamente superior a la razón y que permite conocerla; la otra se refiere al conocer personal o íntimo, es decir, no al que mira hacia el exterior o hacia lo menor, sino hacia el interior y superior.
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[editar] Disponemos de Razón
Darse cuenta de que disponemos de razón, es decir, que tememos en nuestras manos o bajo nuestra disposición esa facultad (potencia, potestad, aptitud, capacidad o como se quiera llamarla) no es conocimiento racional alguno, pues es un conocer que está mirando a la razón –por así decir– desde arriba de su propio tejado o límite. En efecto, saber que disponemos de razón, saber si está más o menos desarrollada en un área u otra, saber que la podemos desarrollar en una vertiente u otra, o no desarrollarla, no es un conocer interno a la razón, sino un conocer que mira en directo y de modo global a la razón. A este conocer –siguiendo la advertencia de los pensadores medievales al respecto– se puede denominar intelectual, porque no es discursivo o raciocinativo, sino inmediato, directo, experiencial, intuitivo y, como se puede apreciar, superior al conocer de la razón, porque la conoce de modo global y da cuenta de su estado y de cada una de sus vertientes sin ninguna dificultad.
[editar] La razón no es un quien
La razón no es persona ninguna, no es un quien (como tampoco lo son la voluntad, la imaginación, la vista, o cualquier otra facultad), sino que es de la persona. Desde luego, ser persona es superior a no serlo. Por tanto, darnos cuenta de que somos personas no puede ser un conocer racional, sino otro de índole superior, íntimo, al que se puede llamar personal. Con lo que precede se quiere decir que la persona sólo se puede conocer personalmente, es decir, a su nivel, no con un nivel noético inferior. Desde luego que con los sentidos, por ejemplo, podemos conocer asuntos que pertenecen o que son de la persona (la corporeidad, sus componentes biológicos, sus movimientos, acciones, manifestaciones, etc.), y asimismo podemos notar que muchas de esas cualidades conocidas son comunes a las que realizan otros hombres, mientras que otras notas son matices peculiares de tal persona. Asimismo, mediante la razón podemos conocer que la persona tiene tales o cuales opiniones que son comunes a otros hombres, y que posee alguna otra opinión que es muy propia suya, o también, que dispone de un conocer en tal ciencia u oficio común a sus colegas, con distinciones peculiares que son suyas propias. Pero ni por los sentidos ni por la razón alcanzamos a conocer la novedad irrepetible e irreductible de cada persona, esto es, el sentido personal de cada quién. En suma, por tales niveles noéticos no podemos saber qué es una persona, o por mejor decir, quién es cada persona.
De modo que a los dos niveles usualmente considerados en teoría del conocimiento –tanto por la tradición clásica griega y medieval como por la moderna y contemporánea– es pertinente añadir otros dos niveles superiores: el intelectual y el personal. Como se verá, ambos tipos de conocimiento– como también los sentidos y la razón– admiten muchos grados, que tendremos oportunidad de describir sencilla y brevemente. Con todo, puede que alguien no acepte que el conocimiento intelectual y el personal sean distintos y superiores al racional. Quien defienda esa hipótesis se vera forzado a incluirlos dentro de la razón, como vertientes o dimensiones suyas. Sin embargo, de defender esa tesis, además de argumentar en orden a su justificación, topará con otras dificultades difícilmente solucionables. Una de ellas ya la vislumbro Aristóteles, a saber, si la inteligencia o razón es nativamente pura potencia (tabula rasa), o se admite un conocer en acto previo y superior a ella (noción de intelecto agente), o no hay modo de activar mediante lo sensible una potencia que de suyo es inmaterial.
Tras caer en la cuenta de la precedente aporía, tal vez se responda con una solución materialista, a saber, que la inteligencia no es inmaterial, sino que su soporte orgánico es el cerebro. Pero este remedio es todavía peor que la enfermedad, porque choca con demasiadas verdades manifiestas en teoría del conocimiento. Por ejemplo, ¿cómo identificar las ideas, que son universales, con asuntos biológicos, que son particulares?, ¿cómo explicar que, teniendo umbral todo conocer biológico, la inteligencia carezca de él?, ¿cómo aclarar que nada de lo biológico niega, mientras que la inteligencia sí lo hace?, ¿cómo dar cuenta que lo biológico no es autoreferente, mientras que la inteligencia conoce algo de sí misma, por ejemplo, sabe que piensa, es decir, conoce sus actos o, de otro modo, por qué lo inerte (un computador) y biológico (los animales) carecen de conciencia superior?
Tras ello, se daremos cuenta –también someramente– de otros temas centrales de la teoría del conocimiento: la verdad, el error y sus modalidades; asimismo de los defectos noéticos fundamentales: el escepticismo, el relativismo (que campea a sus anchas en nuestra sociedad), y del subjetivismo (no menos aireado que el precedente). Atenderemos también a las corrientes de la filosofía principales que han hecho escuela en el modo de describir el conocer humano: realismo, nominalismo e idealismo, las cuales han sido seguidas, de un modo u otro, por muchas otras filosofías. Por último, se intentará discernir los distintos niveles que ocupan las diversas ciencias, tanto experimentales como humanas y filosóficas. Todas ellas son jerárquicamente distintas y –como se verá– siguen a diversos niveles cognoscitivos naturales al hombre. Pero éste también puede ejercer, si libremente quiere, otro nivel noético superior a los naturales, a saber, el sobrenatural, el que le permite la fe, que un nuevo modo de conocer otorgado por Dios.
Por lo demás, si alguien desea profundizar en la exposición de cada uno de estos aspectos de la teoría del conocimiento, en los respectivos capítulos y secciones se le ofrecerán unas sucintas referencias bibliográficas, tanto del autor como de otros pensadores. El autor debe estas directrices a Leonardo Polo, cuya teoría del conocimiento está en sintonía con la de Aristóteles y Tomás de Aquino, aunque las corrige en algunos puntos y, sobre todo, las desarrollo y detalla mucho más que aquéllos pensadores, a la par que corrige ciertas tesis de los principales pensadores modernos y contemporáneos.
[editar] Màs
[editar] Los niveles del conocer humano
[editar] Verdad y error en las principales propuestas noeticas
- La verdad
- El escepticismo en la teoría del conocer humano
- Los relativismos
- El subjetivismo en la teoría del conocer humano
- Nominalismo-empirismo-materialismo
- Racionalismo-idealismo-fenomenología
- Realismo


