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El fundamento del lenguaje
De Seminario de Antropologia
| Autor Juan Fernando Sellés Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica |
Por pensar se puede formar el lenguaje, pero no por hablar se garantiza que alguien sea inteligente. El pensar es más y condición de posibilidad de cualquier lenguaje convencional. El lenguaje es apropiado para hablar del mundo sensible, no de lo espiritual, como es el caso del pensar, y menos todavía de la persona humana y de lo que a ésta transciende. Eso es así porque el lenguaje es en parte sensible; está tomado de lo sensible y, como todo lo sensible, está sometido a las leyes de lo físico: es temporal, procesual, con movimiento, transitivo, etc. Por ello el lenguaje describe mal lo que no es de la condición de lo físico, esto es, lo que es inmanente (el pensar), o superior a ello, es decir, lo transinmanente (el acto de ser de la persona), porque el lenguaje es intencional respecto de lo físico, no respecto de lo superior, como es el caso del mismo pensar, del querer, de la persona, de Dios, etc.
Se ha indicado que el lenguaje habla metafóricamente de lo superior a él. Con todo, se trata de una metáfora, por así decir, al revés, porque en su hablar de lo que le excede, el lenguaje no ennoblece aquellas realidades de las que habla, sino que indica siempre empobrecidamente la índole de la realidad dicha. Primero es saber, luego hablar. Sólo puede hablar el que sabe hablar. No se trata de dominar un idioma o de manejar un lenguaje computacional, musical, etc., sino de ser capaz de formar o entender un lenguaje convencional porque se es inteligente. El lenguaje está abocado a dejar en el tintero mucho significado que no puede aferrar; significado neto, por otra parte, para el pensamiento. El hombre no es inteligente porque habla sino al revés.
El lenguaje se forma por la razón y por la voluntad. En efecto, gracias a la posesión mental de objetos pensados e ideas por parte de los actos de pensar, y también merced a los hábitos cognoscitivos que nos permiten conocer nuestros propios actos de pensar, formamos cualquier tipo de lenguaje convencional. Pero éste se forma también por la intervención de la voluntad, pues el aplicar tal o cual significado a esta o aquella palabra también depende de la voluntad, porque es un asunto convencional sometido al libre albedrío, y no sólo de un hombre sino de una sociedad. El lenguaje implica, pues, razón y voluntad , y como aquellas potencias, el lenguaje está bajo el uso de la persona humana .
Lo propio de todas las palabras es la convencionalidad. Pero convencional no significa que el lenguaje sea arbitrario, puesto que en su formación el lenguaje no depende sólo de la voluntad, sino también de la razón, y ésta sin verdad y verosimilitud no es tal. Pero la verdad no lo es sólo para cada quién, sino para todos los humanos. Sostener lo contrario es ceder a un voluntarismo injustificable y contradictorio, pues si todo lo que significa el lenguaje fuese arbitrario, en rigor, no significaría nada, porque cada quién entendería lo que quisiese, y es neto que esta actitud comporta la destrucción del lenguaje.


