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Historia, Humanidades, Educación, Literatura, etc

De Seminario de Antropologia

Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica


Estas ciencias, a distinción de las precedentes, suelen ser consideradas como conocimientos humanos o saberes humanísticos. Procedamos a su breve descripción y a considerar escuetamente qué abordan cada una de ellas del hombre.

a) La historia es, según el adagio clásico, magistra vitae, maestra de la vida, porque del aprendizaje de los aciertos y errores cometidos por los hombres que nos han precedido se puede tener una mejor comprensión de la presente situa-ción humana y proyectar mejores modos de vida hacia el futuro. Por eso la histo-ria, aunque mira directamente al pasado, debe hacerlo con el fin de entender mejor el presente y mejorar el futuro. Por eso, la historia es buena maestra; con todo, es claro que la historia educa si el alumno no es díscolo, pues si lo es, no gana en rica experiencia, sino que constata reiteradamente los penosos efectos sus errores. Pero la historia es claramente inferior a la antropología, porque el acto de ser humano es trascendental, pero la historia no lo es. La esencia humana, como veremos, sin tener como fin el mundo, cambia el mundo mediante la cultura, pero el acto de ser humano ni tiene como fin el mundo ni lo cambia, sino que su fin es metahistórico. El hombre está en el mundo, pero no es mundo; está en el tiempo sin ser tiempo físico.

b) Las humanidades, en general, ayudan a descubrir la esencia humana en sus diversas facetas. Los buenos humanistas son grandes observadores y penetran admirablemente en los motivos positivos y negativos de las acciones huma-nas. Ante lo que se dice, primero callan y piensan, y sólo hablan cuando han descubierto las razones y cuando vale la pena denunciar los errores para enseñar a los demás a no cometerlos. Aprender acerca del sentido de lo humano es buen medio para acceder a la intimidad humana. Y el camino más cercano y jugoso para cono-cer a Dios es la vía de la interioridad, cuya carencia es el drama de nuestro tiempo . Buscando el sentido del andar humano se accede a la divinidad. Ahora bien, rastrear y describir la esencia humana no implica necesariamente explicarla en su integridad y en su deber ser y, por supuesto, tampoco conlleva inexorablemente desentrañar la intimidad personal.

c) La educación o pedagogía también estudia al hombre en sus diversas fases vitales, no sólo por etapas, sino incluso por años. A la educación familiar sigue en los colegios la básica; a ésta, la media en los institutos de bachillerato, y en menos casos, a esa sigue la superior o universitaria. Esa para muchos también acaba, mientras que unos agraciados pueden seguir estudiando y formándose. A pesar de ello, la formación no termina nunca para nadie. Esos estadios indican que el hombre puede ser educado en los diversos niveles de su naturaleza (afectos, comportamiento, sentidos internos, etc.), en los distintos planos de su esencia (inteligencia, voluntad, etc.), e incluso en los diversos radicales de su acto de ser personal. En el fondo, educar es saber enfrentar a cada hombre ante su origen y su fin último, esto es, descubrirle su filiación, su vocación.

d) La literatura es magistra laudabilis vitae, la más humana de las humanidades, pues es la más filosófica entre los saberes no estrictamente filosóficos; por eso también es la que más puede educar o deseducar. Ello es así porque usa privilegiadamente el lenguaje, que es de entre lo sensible humano la realidad más alta. A veces incluso la literatura es mucho más filosófica que muchas "filo-sofías" reductivas cuyo cometido no es una sincera búsqueda de las verdades capi-tales. La actitud del literato es, además, bastante pareja a la del filósofo, pues éste entrega su vida por la verdad, y aquél por la belleza y verosimilitud de lo escrito, pues subordinar la filosofía o la literatura a la vida práctica es un mal negocio, malbaratar un gran tesoro por baratijas.

e) Podríamos aludir también a otras disciplinas humanísticas tan extendidas en nuestro tiempo como el periodismo o las ciencias de la comunicación, el derecho, etc., pues todas ellas tienen, o deberían tener, un saber claro sobre lo social humano, todas usan del lenguaje como conectivo laboral, todas tienen mucha experiencia profesional acumulada (servicio de documentación, códigos de leyes civiles, etc.). Otro tanto, y en mayor medida, sucede con otras como la economía, cuyo conectivo -el dinero- es inferior al lenguaje. Pero tal vez con lo in-dicado sea suficiente para aclarar que todas ellas suelen adolecer de la fundamen-tación con que cuenta, o debería contar, la filosofía, y por eso acerca del hombre suelen declarar más el “qué” que el “por qué” y el “para qué”. Por eso es pertinente que a continuación atendamos a los diversos enfoques filosóficos de lo humano.

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