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La acción humana

De Seminario de Antropologia

Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica


Actuar es ejercer acciones transitivas, es decir, con tiempo, movimiento, espacio. Obviamente esas acciones las realizamos con nuestro cuerpo. Esas acciones son dobles, la lingüística y la productiva. “La consideración de la acción tiene la ventaja de que permite aunar las tres dimensiones, porque de la acción proceden las virtudes o los vicios; a través de la acción la norma moral se abre paso. Y, por otra parte, con la acción el hombre trata de conseguir los bienes” . La acción es la mediación, el hilo que ata, entre lo interno del hombre y lo externo a él. Entre aquello interno del hombre que se abre a la totalidad de lo real (inteligencia y voluntad) y la realidad exterior. Si la ética no fuera previa y condición de posibilidad de la acción humana, cabría una distinción radical entre lo que en la Edad Media se llamaba agible y factible, es decir, entre la acción ética y la acción de transformación. Pero esa separación tajante es artificial, pues toda acción transformadora consciente y querida es, se quiera o no, ética.

La acción humana es nuestra intervención eficaz en el curso de los acontecimientos reales. No es intemporal e inmanente como un acto de pensar o como un anhelo de la voluntad, porque trasciende fuera de nosotros modificando la realidad sensible, es decir, cambia el curso de los acontecimientos. No es tampoco meramente material, porque es libre, atravesada de sentido humano, y es expresión de nuestro amor, esto es, de nuestra aceptación o rechazo, de nuestra donación o retraimiento. Es, pues, el enlace, la mediación, entre lo temporal y lo intemporal . Algo de lo temporal es modificado por ella, precisamente porque cuenta con el respaldo de algo otro de índole intemporal (el pensar y el querer) que se cierne sobre el curso histórico transformándolo. Hay que actuar en el teatro de este mundo, pero hay que actuar bien. Como la vida del hombre en el mundo es síntesis de tiempo y eternidad, el hombre sin actuación en el tiempo no es viable.

La acción es el hacer capaz de humanizar el mundo (pero también de deshumanizarlo, incluso de destruirlo). La acción humana añade lo humano al mundo, quedando plasmado lo humano en el mundo. No es, como se ha dicho, una operación inmanente (como pensar o querer) sino un ejercicio transformador. Tampoco debe ser entendida la acción como el mero actuar a la búsqueda de resultados, tesis propia del consecuencialismo . No es así porque no es la acción para los resultados, sino éstos para la acción, y ésta para quien obra, pues la acción es de índole superior a los bienes útiles externos (por eso puede conseguirlos), y es un bien inferior a la persona que actúa. No miden los resultados a la acción sino al revés. Pero la tesis de que la acción es superior a los resultados sin tener en cuenta la virtud es ininteligible . A su vez, la tesis de que la virtud es superior a la mera acción, sin la persona humana es incomprensible. Por eso la ética de resultados o consecuencialista (propia, por ejemplo, del economicismo, del capitalismo, etc.), es decir, la ética que busca por encima de todo la producción, la eficacia material, el enriquecimiento, no sólo desconoce la virtud, sino también el núcleo personal humano. No es que la producción sea mala (como veremos en el Tema 11), sino que es un bien menor que la propia acción.

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