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La antropología en la filosofía contemporánea

De Seminario de Antropologia

Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica


Si Hegel era para sus discípulos el gran demoledor de la esperanza, por-que cerraba el camino de los pensadores nóveles al futuro, ya que quiso explicar enteramente por la razón todo lo real y todo lo racional en su sistema filosófico, a la fuerza los pensadores posthegelianos que conocen su filosofía tienden a ser antihegelianos , si es que se consideran aptos para poder decir algo más, algo nuevo, distinto, de lo que pretendió explicar su maestro. Es pertinente, por ello, establecer la separación de la filosofía contemporánea respecto de la moderna tras Hegel. El periodo histórico-filosófico que inicia su andadura aproximadamente desde mediados del s. XIX se puede llamar filosofía contemporánea .

La antropología en este tiempo parece seguir cifrando lo más radical del hombre en la operatividad humana, como la moderna, pero se ciñe a la operatividad volitiva. Como se ha indicado, ello puede ser debido a dos factores:

a) si se considera que la moderna es racionalista a ultranza, la contemporánea es voluntarista por contraposición a la moderna, debido al rechazo de la racionalidad hegeliana;

b) si se piensa que algunos de los puntos centrales de la filosofía moderna (la duda cartesiana, la autonomía de la voluntad kantiana, la dialéctica hegeliana, etc.) responden a un voluntarismo de fondo, los pensadores posteriores que admiten su influjo siguen abundando en esa tendencia. Parece cumplirse, pues, aquello de que los extremos se tocan. En efecto, el voluntarismo sucedió y combatió en esta época al racionalismo precedente. El exponente más neto de este movimiento tal vez sea Nietzsche (s. XIX). En esta época se tiende a concebir la voluntad como autónoma. Si ello se refiere a la antropología, como ésta potencia no actúa sin el sujeto que quiere, se tiende a concebir al hombre como autónomo, independiente. Como se puede apreciar, esta versión independentista del hombre no sólo choca frontalmente con la filosofía clásica antigua y medieval (con la de Aristóteles y Tomás de Aquino por ejemplo), sino también con el íntegro legado del cristianismo en lo nuclear de su antropología.

Por lo demás, los movimientos de oposición al idealismo absoluto de Hegel admitieron muchas variantes, muy influyentes incluso hasta nuestros días, y algunas de ellas bien conocidas:

a) El materialismo (Feuerbach , Marx , Engels , etc.), en cuya interpretación del hombre aparece una reducción de éste a materia -el valor del hombre tiende a medirse por el de sus productos-, y se le interpreta como un ser carente, necesitante. Pero como el acto de ser personal es perfección, no carencia, es claro que esta filosofía no repara en él.

b) El positivismo (Comte ), en cuyo sistema parece restringirse el estudio del hombre como si de un hecho o como si de un cúmulo de ellos se tratase, por eso enfoca el estudio humano mayormente desde la sociología. Pero, como se verá, el hombre no se reduce a sus manifestaciones.

c) El utilitarismo (Malthus, David Ricardo, Bentham, John Stuart Mill , etc.), que evalúan al hombre en buena medida por el patrón del interés. Ahora bien, el interés se dualiza con lo interesante, y es claro que el hombre promueve lo interesante, porque es él la fuente de riqueza.

d) Los voluntarismos contemporáneos (Schopenhauer , Nietszche , etc.), que absorben al hombre en una voluntad cósmica, especialmente en el caso Nietzsche, para quien el yo no es sujeto, sino puro satélite de la voluntad de poder cósmica e impersonal. Sin embargo, el yo es realmente superior a la voluntad, pues sólo quiero si yo quiero querer.

e) Tampoco parece carecer de ciertos y peculiares voluntarismos tanto la fenomenología existencial de Heidegger como el psicoanálisis de Freud . Ambos niegan la posibilidad de conocer a la persona, el primero porque considera que la razón, por inferior al sujeto y por formar ideas, no puede conocerlo, ya que éste no es una idea. El segundo, porque admite que lo único real humano es el inconsciente, siendo el yo, la conciencia, una producción humana.

f) El historicismo (Dilthey ), que, estando aún vigente, tiende a reducir el hombre a tiempo. Con todo, es manifiesto que conocer el tiempo no es tiempo.

g) El neo-kantismo (Escuelas de Baden y de Marburgo), que arrastran el enfoque kantiano para encarar lo humano.

h) La fenomenología (Husserl , Reinach , Scheler , etc.), que admite del hombre sólo lo que de él presentan los datos de la conciencia y, consecuentemente, acepta que la realidad extramental o la del sujeto, por quedar más allá o más acá del objeto de conciencia es inaprensible. Con todo, varian-tes destacadas en antropología de ese movimiento, y más realistas, son la de Hildebrand , Edith Stein , etc.

i) La hermenéutica (Gadamer , Ricoeur , etc.), que pone lo distintivo humano en la actividad racional práctica de interpretar; relega, por tanto, a segundo plano la teoría. Por eso, esta corriente parece desconfiar del poder teórico de la razón humana , y también de alcanzar a la persona como acto de ser cognoscente.

Algunas de estas corrientes también dieron lugar a movimientos de reacción opuestos a ellas, como fueron, por ejemplo:

a) El vitalismo (Bergson , Blondel , etc.), que defendía la irreductibilidad de lo espiritual humano a lo orgánico; y en eso hay que darle la razón.

b) El ontologismo (Rosmini ), defensor también del espíritu humano, cuya filosofía vale la pena recuperar en buena parte de sus puntos (aunque no todos, porque en ella se ha denunciado una visión precipitada de nuestro conocimiento natural sobre Dios denominada ontologísmo).

c) El tradicionalismo (De Bonald ), con un énfasis muy marcado en la tradición históri-ca para intentar vincular al hombre con Dios. Sin embargo, si bien hay que recoger de la tradición lo mejor, lo más humano, lo más virtuoso, no hay que olvidar que el pasado está en función del futuro mejor, más humano, más virtuoso, no a la inversa.

d) Los defensores del espiritualismo (Maine de Biran , Ravaison, etc.); etc., reacciones muy comprensibles frente a los empirismos dominantes, y que rescataron ciertas realidades humanas irreductibles a la materia, como por ejemplo, los hábitos.

e) El iniciador del existencialismo contemporáneo, Kierke-gaard , denunció patéticamente el olvido de la persona humana engullida en el sistema hegeliano por la totalidad, y por ello tratada de modo insignificante. Hay que atender a esa justificada queja y sacar partido de la finura moral y religiosa del pensador danés.

f) Otros autores, sin embargo, continuaron el pensamiento hegeliano en su misma línea o con variantes, aunque de forma más débil y menos creativa que su maestro. Se trata del neoidealismo (Whitehead, Croce, Gentile, etc.).

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