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La antropología sobrenatural
De Seminario de Antropologia
| Autor Juan Fernando Sellés Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica |
No es éste el marco adecuado para exponer una doctrina teológica acerca del hombre, aunque sí para esbozar el carácter distintivo, por superior, de que puede gozar su planteamiento respecto de los demás saberes sobre el hombre arriba esbozados. Por teología no se entiende aquí el estudio del hombre como ser religioso , asunto que pertenece a la naturaleza, esencia y persona humana sin la ayuda de elevación divina, ni tampoco el estudio de las diversas religiones , sino el estudio de la religión revelada por Dios mismo desde la fe sobrenatural que él otorga; doctrina que se contiene en la propuesta de tradición judeocristiana. De esa tradición para nuestro propósito interesa únicamente su visión del hombre. En este ámbito los estudios se reparten en varios campos de acción: por ejemplo, la antropología bíblica , que atiende a la visión del hombre tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento; otro es el de la antropología teológica , que centra la atención en lo que diversos teólogos concluyen acerca del hombre siguiendo las Sagradas Escrituras, la Tradición cristiana y el Magisterio de la Iglesia. Con todo, cabe decir que, con la ayuda de la antropología trascendental, la sobrenatural puede sacar más punta a sus descubrimientos sobre el hombre.
La fe cristiana es un don sobrenatural otorgado por Dios a cada persona si ésta libremente lo acepta, y este don consiste, ante todo, en un nuevo y mejor modo de conocer . Tomás de Aquino sostenía que la fe sobrenatural es una “perfección del intelecto” . Sin negar este extremo, cabe matizar que se trata de un co-nocer en el que está implicado el ser humano, como por lo demás mantiene el Magisterio de la Iglesia . En consecuencia, el método cognoscitivo de “la fe... pertenece... a un orden diverso del conocimiento filosófico” . Y lo conocido por ella, su tema, también: “la verdad alcanzada a través de la reflexión filosófica y la verdad que proviene de la Revelación no se confunden, ni una hace superflua a la otra” . El hombre tiene un doble orden de conocimiento, uno natural y otro por fe sobrenatural; y por esa fe no se conoce lo mismo ni del mismo modo que natu-ralmente, sino que la fe añade conocimiento . La realidad que subyace en la noción de persona, la intimidad de cada quién, el corazón humano, fue -como se ha indicado en el Capítulo 2- un descubrimiento netamente cristiano , aunque este hallazgo se puede alcanzar de modo natural, es decir, sin necesidad de la fe, por medio del hábito de sabiduría -como también se ha indicado en el epígrafe 7 de este Capítulo-. Si se distingue entre naturaleza, esencia y persona, entre la vida recibida, la vida añadida y lo propio y distintivo de cada quién, se nota que la per-sona humana es lo radical, y que sus rasgos nucleares no se reducen a lo inferior. Por lo demás, desde la fe sobrenatural se tiene que explicar cómo eleva Dios cada uno de esos trascendentales personales.
Pues bien, lo que de la persona humana se conoce por fe no puede ser lo mismo que lo descubre la antropología trascendental. Si de modo natural ya se descubre del hombre que es persona, cuáles son los trascendentales personales, y cómo se vinculan éstos entre sí y con Dios , al elevar Dios la intimidad personal humana de modo sobrenatural, el hombre tendrá que conocer más de su propia intimidad, esto es, tendrá que saber qué persona se es y se está llamado a ser ante las Personas divinas y quién es cada una de Aquéllas. En concreto, se debe saber qué hijo distinto de todos los demás hijos se es y se será en el Hijo de Dios Padre, por virtud del Espíritu Santo. Por eso, “el conocimiento (por Revelación) que el hombre tiene de él (de Dios) -ha escrito Juan Pablo II- culmina cualquier otro conocimiento verdadero sobre el sentido de la propia existencia que su mente (la del hombre) es capaz de alcanzar” . Ahora bien, una cosa es saber antropología sobrenatural, por así decir, en general, y otra saber en concreto qué persona soy. En las dos se requiere como método la fe, pero la fe que se emplea en el descubrimiento personal es más intensa que la empleada en los otros temas. A su vez, el tema personal descubierto en el primer caso es superior al desvelado en el segundo. Si la vida íntima de Dios es misterio que sólo por Revelación divina podemos barruntar (el misterio trinitario), y tal esclarecimiento es indisoluble de alcanzar a desvelar la intimidad personal humana, es porque también ésta es, en rigor, y pese a su transparencia, misterio. Por eso “realmente el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado” . Para esclarecerlo hay que man-tener el empeño personal hasta el fin, hasta la patencia, la cual, será posthistórica. La culminación respeta, pues, la libertad humana, la actividad radical de la persona creada. --- Más atrás se indicaba que no todas las antropologías filosóficas valen lo mismo y están en el mismo plano. Lo mismo cabe sentar respecto de las antropologías teológicas al terminar este Capítulo. Y otro tanto respecto del servicio de las primeras a las segundas y el favor de las segundas a las primeras. En efecto, hay antropologías filosóficas que sirven menos a la antropología teológica porque consideran que lo más importante de lo humano son las manifestaciones humanas (corpóreas, laborales, psíquicas, intelectuales, volitivas, éticas…). Hay también antropologías teológicas que, por considerar insuficiente el planteamiento anterior, saltan prematuramente al terreno sobrenatural (gracia, virtudes sobrenaturales, dones, etc.) dejando un hiato entre lo real natural y personal humano y lo real sobrenatural. Tampoco éstas constituyen un buen servicio al cristianismo. Hay, en cambio, antropologías filosóficas y teológicas que centran lo nuclear humano en el acto de ser personal humano e intentan aunar los descubrimientos logrados sobre la intimidad humana con lo que aporta la Revelación. Sólo éstas parecen cons-tituir la mejor ayuda al cristianismo.
Además, si -como se ha indicado- la antropología se realiza en primera persona, toda antropología será más verdadera en la medida en que acepte lo que Dios afirma de cada quién, y será más falsa en la medida en que cada uno le nie-gue a Dios el sentido personal que él le ofrece.


