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La distinción en los sentimientos sensibles

De Seminario de Antropologia

Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica

En sentido estricto los sentimientos sensibles son estados de ánimo sensibles. No todos los sentimientos son así. Los hay intelectuales (propios de la razón y de la voluntad) y también del espíritu. No conviene confundirlos. Los sentimientos son los estados en que se encuentran las facultades sensibles, todas, no sólo de las que tienen al cerebro como soporte orgánico, aunque éstas son las más importantes . Evidentemente el estado de ánimo depende en buena medida de la disposición corporal. Si el órgano de una facultad está bien dispuesto de modo que ésta puede actuar bien, se nota agrado al actuar; si mal, desagrado. Se percibe entonces si el acto que se ejerce es adecuado o no, si va bien o mal al estado, también corpóreo, cambiante y transitorio de la facultad sensible, tal como se encuentra en ese momento determinado. Los sentimientos sensibles son, pues, estados de ánimo que acompañan al conocimiento sensible y que se sitúan en la facultad. ¿Qué significa “estado de ánimo”? Que es una situación en la que las facultades humanas con soporte orgánico están, no algo que el hombre es. Por tanto, el hombre ni se puede medir por, ni mucho menos reducir a, sus estados de ánimo sensibles. No se olvide que tales sentimientos son sensibles porque son la consecuencia o redundancia en la facultad sensible de los actos ejercidos por esas facultades. Los sentimientos son la información que tenemos acerca del estado de la facultad sobre la conveniencia o disconveniencia de los objetos conocidos, deseados, etc., por los actos de la facultad respecto del estado de ésta. Por ejemplo, los colores de un atardecer soleado son agradables para la vista cuando el soporte orgánico de ella, los ojos, están bien dispuestos; no cuando se posee fiebre y se prefiere mantener los ojos cerrados. Como la facultad sensible es orgánica, cambia, y por eso sucede que los sentimientos sensibles son cambiantes. Los sentimientos que produce el ver los colores de un paisaje otoñal que un día se sienten como agradables, otro día, por cansancio, por falta de fuerzas físicas, por hambre, sueño, resfriado, fiebre, etc., se pueden percibir con desagrado. Ya tenemos cierta noción de qué sean los sentimientos sensibles (los espirituales, superiores a éstos, pertenecen a la intimidad humana). Vayamos ahora, aunque sea brevemente, a lo que era el propósito de este epígrafe: ¿Qué distinción hay entre los sentimientos sensibles humanos y los animales? Si los sentimientos son los estados de la facultad, y el fin de las facultades sensibles humanas son los actos (conocer, apetecer, etc.), los sentimientos sensibles humanos presentan una gama más amplia y mejor jerarquizada que la de los animales, puesto que dependen de la apertura de sus facultades a tener que ver sensiblemente con toda la realidad física sin restricción. Además, como dependen en última instancia del juego libre de la persona sobre su sensibilidad, a diferencia de los animales, no hay dos modos iguales de manifestarlos, puesto que no hay dos personas iguales. Si el animal está subordinado a la especie, sus sentimientos superiores serán aquellos que siguen a los actos que permiten la supervivencia de ésta. Por otra parte, sería pertinente notar que los sentimientos sensibles en el varón son matizadamente distintos que en la mujer, pues ésta suele ser más afectiva. Los pensadores medievales unían este más a los componentes orgánicos que ellos llamaban humores (algo así como las hormonas que hoy se estudian en endocrinología), que son más abundantes en las mujeres que en los varones. En suma, en atención a sus sentimientos sensibles, se podría describir al hombre como "el animal más sentimental". Pero tampoco esto es lo más alto de lo humano.

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