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La distinción entre las facultades animales y humanas a nivel vegetativo
De Seminario de Antropologia
| Autor Juan Fernando Sellés Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica |
Si vida y alma son equivalentes, las plantas y árboles también tienen un alma. De manera que llamar "animado" a un bosque no es una metáfora literaria, sino una realidad básica. Lo que pasa es que se trata de un alma peculiar, muy distinta por inferior de la sensible y, por supuesto, que la humana. La vegetativa está conformada exclusivamente por tres funciones: nutrición, reproducción celular y desarrollo. Como es sabido, la vida vegetativa es un movimiento vital que transforma en su propia vida lo inerte (nutrición), reduplica su propia vida (reproducción celular) y desarrolla su vida especializándola en determinadas funciones (desarrollo). No es la vida vegetativa una acciónreacción como los movimientos físicos, tal como se da, por ejemplo, en el impulso que recibe una pelota de tenis al ser golpeada por la raqueta del jugador, sino una incorporación de lo externo a sí, transformándolo en su propia vida, y sacando de ello más vida. Las funciones vegetativas son las que tienen por objeto el mismo cuerpo, siendo éste vivificado por el alma a través de ellas. Se trata de tres funciones jerárquicamente distintas vinculadas entre sí por una neta subordinación de la inferior a la superior. La primera de las funciones vegetativas, la más baja, es la nutrición, a la que también se llama metabolismo. Consiste en asimilar a sí, al propio cuerpo, lo externo posible de ser asimilado. Por eso no respeta lo otro en su ser, sino que lo cambia amoldándolo en la medida que puede al modo de ser propio. En efecto, al ser asimilado, lo inorgánico es transformado, porque pasa a ser orgánico, vida de la vida del ser vivo. La nutrición transforma la índole de lo físico. Es decir, para que el alimento se incorpore a la vida del ser vivo debe dejar de ser la realidad inerte o viva que es. Los compuestos químicos, por ejemplo, del subsuelo en el que el árbol hunde sus raíces dejan de estar como estaban tras absorberlos, y pasan a incorporarse a la vida del vegetal; en nuestro cuerpo hay hierro, pero no en las mismas condiciones que en la realidad física, sino en mejor disposición. Lo que era meramente inerte ha pasado a ser un movimiento intrínseco: vida. La manzana que come una muchacha deja de ser la naturaleza vegetal que era para transformarse en la propia vida corpórea de la chica. Sin embargo, no todo se asimila por igual en la nutrición. De lo contrario la dietética estaría de más. Además, no todo se asimila. Por eso, lo que sobra se expulsa. La reproducción es la actividad mediante la cual se reduplica un organismo. Como los vegetales y animales están cada uno de ellos en función de la especie, la reproducción es el medio por el cual estos seres vivos perviven en sus especies, es decir, el medio del que disponen para perpetuarse en el tiempo. A distinción de la nutrición, la reproducción respeta lo otro como otro, no como alimento para uno. El otro generado no se subordina a uno, como en el caso del alimento, sino que se respeta su relativa independencia, su vida. No se trata de una vida aislada, sino, por así decir, de una covida, y ello tanto en la reproducción asexuada (celular) como en la sexuada (animal). En efecto, el conjunto de las células de un organismo no es la sumatoria extrínseca de individuos que nada tengan que ver entre sí, sino un conjunto unitario interrelacionado ordenadamente según una clara subordinación de lo inferior a lo superior. La forma vegetativa superior en el organismo vivo es el sistema nervioso, pero de éste carecen los vegetales. A su vez, lo inferior nace de lo superior, tiene a éste como a su fin y es gobernado por él. Por su parte, un conjunto de animales forman su especie; ninguno es ajeno o superior a ella, sino que la especie se reparte entre los individuos y todos están en función de ella. Al desarrollo también se le suele llamar con otros nombres: ontogénesis, crecimiento, etc. El desarrollo o crecimiento es la función central de la vida vegetativa. En sentido estricto, no consiste en un aumento de tamaño, en ser más alto, grueso, etc., sino en la operación que lleva a cabo la distinción orgánica. Del mantenimiento de los órganos responde la nutrición. De la formación de otros de la misma índole tras la maduración del precedente, la reproducción. De la formación de diferencias específicas en el mismo organismo se ocupa el crecimiento o desarrollo. La nutrición mantiene lo que había; la generación mantiene lo que consigue el crecimiento. Mantener el pasado es inferior también orgánicamente a formar el futuro. Por eso, la nutrición y la reproducción están en función del desarrollo. El crecimiento significa que a partir de la embriogénesis (crecimiento diferenciado) las células vivas que se multiplican se especifican de modo diverso a pesar de que todas ellas guarden la misma información en el código genético. Así, al crecer, unas inhiben una parte de la información del código genético y activan otra. Otras, por su parte, inhiben y activan partes distintas. De ese modo contamos con células específicas para diversas funciones: óseas, musculares, nerviosas, de la piel, del pelo..., y así hasta más de 70 billones de células. ¿Se distinguen las funciones vegetativas en el hombre respecto de los animales sólo en virtud de la redundancia o refluencia incluso inconsciente de lo psíquico respecto de lo físico? Buena parte de la medicina tiende a asimilar nuestras funciones vegetativas con las de los animales. No hay, dirían, una diferencia radical entre ambas, sino sólo de grado. La biología defendería que se da sólo una diferencia mínima en el código genético humano comparado con el de algunos animales; que la organización de las funciones vegetativas del cuerpo humano parecen más complicadas que en los animales, pues coordinar al unísono tantas células, tan distintas entre sí, no parece nada fácil y no conviene relegar tal tarea al azar, etc. Hay animales que, obviamente, tienen más células que el hombre, los elefantes, las ballenas, pero no tan variadas, ordenadas y, sobre todo, tan potenciales (las de los animales son más sofisticadas). La fisiología, asimismo, sólo mantendría entre lo vegetativo en nosotros y en los animales diferencias de grado, no radicales. Sin embargo, si se nota que cada uno de los animales está en función de la especie mientras que en el hombre sucede lo contrario, a saber, que cada hombre salta por encima de lo específico, de modo que esto último debe estar subordinado a lo personal, convendría notar que en los animales la nutrición y el desarrollo están en función de la reproducción, mientras que en el hombre la nutrición y la reproducción están en función del desarrollo. Y eso es una distinción radical, no de grado. Por eso el hombre no termina de desarrollarse nunca, mientras que el animal está desarrollado cuando ya ha alcanzado la madurez, asunto sorprendentemente rápido en la mayoría de las especies. En el hombre siempre caben ulteriores desarrollos, pues no está cerrado biológicamente jamás. Por ejemplo, a la vejez, a un señor le puede dar por pintar, y para llevar a cabo tal actividad debe desarrollar en los dedos de sus manos una habilidad de la que antes carecía, lo cual supone biológicamente un desarrollo y especificación celular determinada.


