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La educación

De Seminario de Antropologia

Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica

Tras la familia, que es la primera, la educación es la segunda manifestación humana en orden de prioridad, de importancia. Y como la familia, la educación es condición de posibilidad de las demás manifestaciones humanas: ética, sociedad, lenguaje, trabajo, etc. En efecto, sin educación no cabe ninguna de estas otras vertientes manifestativas humanas. Por eso, las autoridades de un país que intentan controlar de múltiples modos tanto la familia como la educación, saben lo que buscan: disolver la vinculación esencial humana.

De entre el dar, el aceptar y el don, que caracterizan al amor personal humano, lo primero de una persona humana respecto de las demás, es como se ha indicado aceptar. La educación es, en primer término, una manifestación de esa aceptación, pues si no se acepta no se da. La educación consiste en engendrar espiritualmente la vida humana generada biológicamente . La generación, crianza y educación van, por tanto, ligadas; una continúa a la otra; mejor, una dualiza la otra. La generación está en función de la educación. La educación es superior a la generación biológica, porque implica a la mejora de la esencia humana, y es claro que ésta es superior a la naturaleza humana, que es dada por generación. Por eso también es más difícil. En efecto, es más fácil tener un hijo que criarlo y educarlo durante tantos años... Todas estas actividades constituyen además la primera función social de la familia. Por su parte, la educación personal se puede describir como aceptar a cada quién como quién es y como está llamado a ser, y correlativamente en dar a cada quién lo pertinente para que siga su propio camino personal. Esta educación, por tanto, es personal y es superior a la educación esencial y a la generación natural. En cambio, si no se conoce a cada quién personalmente, o se da a todos lo mismo, la educación no sólo es impersonal, sino también injusta. La educación paterna tiene el reto de ver, por tanto, a cada hijo como un proyecto personal distinto, y educarlo esencialmente en consecuencia.

La educación consiste en dar a cada quién aquello que le ayude a personalizar su esencia, es decir, a encaminar su humanidad hacia su propio fin personal después de haberlo conocido en cierto modo y aceptado todo lo que se puede; a personalizar sus potencias, y a madurar su naturaleza en ese sentido. Como no hay dos personas iguales, lo nuclear de la educación es intuir quien es cada quién y para qué ha sido creado, es decir, cuál es su vocación y destino, y ayudarle en consecuencia. Educar, a nivel de naturaleza humana, es correlativo de aprender, que no es otra cosa que actualizar potencialidades personalizándolas. La familia, los padres, los dos, tienen esa responsabilidad natural inalienable . Es la familia la primera escuela –en el tiempo y en importancia– en los sentimientos, es decir, de la afectividad. Por lo demás, lo que se aprende en la infancia, es más permanente. También es la primera escuela de la imaginación . Y, posteriormente, también de conocimientos , tanto objetivos (verdades necesarias y contingentes) como personales (verdades libres). Más tarde, de virtudes humanas y sociales. Por último, la integración de los precedentes logros, asunto que conforma la personalidad de cada quién.

La primera institución, por lo demás natural, que tiene encomendada la educación integral de la persona es la familia. Ello es así salvo casos patológicos por motivos de amor, pues los mejores amigos, los que más aman a los hijos, son los padres; por conocimiento de los mismos; y hasta por motivos de tiempo, pues los padres conviven (o deberían hacerlo) más tiempo con ellos, en todas sus facetas, y más que los distintos educadores escolares. Todo ello repercute en beneficio de la propia educación escolar, pues ésta mejora en la medida en que mejora la familia o, visto como norma negativa, nunca podrá alcanzar su fin la educación escolar si no lo alcanza la familia. La primera escuela es la familia, y no sólo temporalmente, sino en orden de importancia. Por eso el colegio no debe ser sino una prolongación de la familia. Y sólo en la medida en que lo es, es eficaz. El colegio (o la institución escolar que haga sus veces) es dual respecto de la familia, y es mejor colegio no cuanto más inglés o matemáticas enseñe…, sino cuanto más se dualice con cada familia. La familia es raíz y fin del colegio. El colegio es por y para las familias, no a la inversa. De lo anterior se deduce que la educación escolar no debe sustituir a la familiar, sino reforzarla y potenciarla.

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