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Las funciones añadidas al cuerpo humano
De Seminario de Antropologia
Si quieres seducirme, un beso será suficiente
| Autor Juan Fernando Sellés Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica |
Busquemos ahora el sentido de la entera corporeidad humana para descubrir que ese sentido no es corpóreo, sino personal. El cuerpo humano es el cuerpo más abierto a más posibilidades. No está determinado a nada, aunque puede hacerlo todo. No está hecho para adaptarse, sino para adaptar el mundo a su necesidad biológica.
El cuerpo humano es expresivo de multiplicidad de asuntos que no son meramente biológicos. Pongamos algunos ejemplos. La limpieza de nuestro cuerpo tiene un significado sólo humano, pues no la cuidamos sólo porque tenemos menos defensas ante parásitos, sino porque es más agradable humanamente. Jugar, danzar, bailar no tienen un exclusivo fin biológico, sino que son, por ejemplo, señal de regocijo personal. El cuerpo humano permite jugar, y salta a la vista que el juego no es una necesidad fisiológica. Arrodillarse, indica piedad. Ya hemos aludido al sexo como expresión de la intimidad masculina, y, sobre todo, de la femenina (repárese que los órganos genitales femeninos son internos). Las manos no determinadas a lo uno son abiertas a múltiples usos; son también expresivas, y hasta tal punto, que constituyen, por ejemplo, la base del lenguaje para sordomudos, una forma concreta de lenguaje convencional, uno entre otros muchos. Con ellas no sólo se saluda, sino que también se señala, se enseña, se acaricia, se acepta (no sólo ama el corazón; también las manos pueden ser expresión del amor personal), etc.
Con la cara expresamos, todavía más que con las manos, algo de nosotros mismos, y no sólo algo meramente biológico. Reír es un propio humano, decían los medievales. Hay diversos tipos de risa. Otra manifestación de júbilo es cantar. También llorar, expresar aceptación, rechazo, enfado, tristeza, dolor, ternura, etc., son asuntos propios del hombre. En rigor, todas las facetas del espíritu se pueden traslucir con gestos faciales. Y no manifestarlas indica también otras facetas del espíritu: rigidez, falta de libertad de espíritu, simulación, doblez, mentira... Todos los gestos faciales están diseñados para apelar a otra persona. Ningún animal da a entender esos mensajes con los gestos de la cara. El hombre sí. Es el único animal que puede imitar todas las realidades sensibles y también las humanas. Ello denota que está abierto a través de su cuerpo a todas ellas. Pero indica, sobre todo, que el cuerpo es apto, plástico, para manifestar realidades espirituales. Lo más dúctil de lo corpóreo humano es la voz.
Aunar los diversos órganos faciales para reír es una finalidad sobreañadida a la meramente biológica de los mismos. El beso es sólo humano, aunque hay muchos modos de besar: unos indican sensualidad, otros amor, y aún otros traición. Inclinar la cabeza indica reverencia, petición de perdón, a veces timidez, otras rechazo, etc. Ningún animal reverencia a otro, porque cada uno de ellos no está en función de ningún otro, sino en función de la especie. En cambio, como advertía Tomás de Aquino entre los hombres siempre existe algo en la naturaleza humana por lo cual podemos considerar a los demás superiores a nosotros, y ello no sólo en virtud de alguna de sus cualidades naturales (altura, fortaleza, salud, belleza, etc.), sino también de las adquiridas (facilidad para hablar, para los idiomas, simpatía, claridad en la inteligencia, firmeza en la voluntad, etc.). No obstante, cada persona es y se sabe superior a todas las cualidades la naturaleza y esencia humanas (si no repara en ello: señal cierta de que se está despersonalizando).
Con todo, el hombre posee en su naturaleza tendencias desordenadas: las de los apetitos inferiores cuando éstos no se subordinan a la razón y a la virtud de la voluntad . Por ello, lo que precede indica algo más, a saber, que es una lamentable pérdida para la persona humana que ésta se deje llevar por las tendencias desordenadas de su naturaleza y, consecuentemente, que se despersonalice o animalice. Y viceversa, que es gozoso advertir como la persona de un hombre tira hacia arriba de su naturaleza humana, la personaliza, esto es, saca partido de ella en orden a elevarla al sentido novedoso, personal e irrepetible propio, aún en la enfermedad. La primera actitud, obviamente, es viciosa; la segunda, en cambio, virtuosa, y ambas se incluyen, por tanto, en el ámbito de la ética. El lenguaje, por ejemplo, no es meramente biológico, sino una función añadida a la operatividad propia de los órganos que intervienen en su elaboración.
Se podrían multiplicar los ejemplos, aunque con lo descrito es suficiente para rastrear las funciones sobreañadidas a las diversas facetas de la corporeidad humana. Se debe, sin embargo, dar razón de ese carácter distintivo. ¿Por qué tanta indeterminación o potencialidad en el cuerpo humano?, ¿por qué tanta posibilidad significativa en él? Derivado de lo anterior, la conclusión sólo puede ser una: el cuerpo humano está hecho para expresar la apertura irrestricta, la libertad, que cada persona humana es. Si el cuerpo humano no estuviera dotado de esta apertura sería incompatible con el carácter personal de cada hombre: pura apertura. Eso también es compatible con la apertura de las potencias superiores de la persona humana (inteligencia y voluntad), que están abiertas a toda la realidad y a crecer irrestrictamente (nociones de hábito y virtud). La apertura del cuerpo humano es compatible, en últimas, con la apertura del acto de ser personal, porque la persona es apertura sin restricción: libertad.
Ahora bien, en rigor, ¿apertura irrestricta a quién? Respuesta: ¿no será que el hombre, también con su cuerpo, está hecho para Dios, para manifestar lo divino?
De ser esto así, cualquier actividad corpórea que ayude a los demás a acceder a Dios a través de ella es personal, mientras que cualquier otra que impida tal acceso es despersonalizante. En efecto, apertura irrestricta indica que el cuerpo humano está espiritualizado, que el hombre, también con su cuerpo, está abierto a lo espiritual infinito, a Dios, es decir, que el hombre es capaz de él, no sólo porque una oración se pueda musitar con los labios o cosas así, sino porque, como se verá, la persona humana sin Dios es incomprensible (cfr. Capítulo 12). Pues bien, esa tesis alcanza también a la biología y a la corporeidad humana.
En efecto, puesto que el cuerpo es disposición del yo, el cuerpo humano sin Dios y esta es la tesis central de esta Lección es incomprensible. Está hecho para él. Y esta verdad, aunque esté revelada sobrenaturalmente , también es una verdad natural. Tan para Dios está hecho el cuerpo humano que se puede manifestar perfectamente lo divino a través del cuerpo humano. En caso contrario, la Encarnación del Hijo de Dios, Jesucristo, no se hubiese podido dar.


