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Las virtudes de la voluntad

De Seminario de Antropologia

Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica

Virtud viene de la palabra latina “vis” que significa fuerza. En el lenguaje ordinario hablamos de “ser fuerte de voluntad” para trabajar, estudiar, etc. ¿Qué significa eso? A simple vista indica que quien tiene virtud tiene más voluntad que otro que carece de ella. La virtud –solía decirse– es un “hábito operativo bueno de la voluntad” . Actualmente se ha llegado a describir como “la democratización del heroísmo” , aunque bien mirado, parece lo inverso, es decir, es la heroicización de lo ordinario, de la vida cotidiana, porque adquirir virtudes cuesta, y no poco. De modo parejo a como la verdad no es democrática y tampoco lo es su adquisición habitual, el bien arduo no es democrático y menos aún su conquista virtuosa. Esto último es, por lo demás, de sentido común. En suma, la virtud es una perfección sobrevenida a la voluntad. Mientras estas perfecciones adquiridas en la inteligencia se llaman hábitos sin más, en la voluntad se designan con el nombre de virtudes o virtudes morales. La virtud es descrita clásicamente como una cualidad operativa. Nótese que se trata de una perfección en orden a actuar, pues la omisión para la voluntad es un gran perjuicio, ya que es sabido por experiencia que “a bien ocupado, no hay virtud que le falte; al ocioso, no hay vicio que no le acompañe” . El ocio y el vicio son camaradas inseparables de camino, porque el ocio ya es un vicio. En rigor la virtud es un acto, aunque no es cualquier acto de querer de la voluntad, sino un acto superior que refuerza a esta potencia para querer mejor. Es lo último de la potencia , porque la perfecciona, la actualiza.

¿Por qué tener en cuenta a la virtud en Antropología? Por lo mismo que se procedió a atender a los hábitos de la inteligencia, a saber, porque el hombre es el único ser que puede darse –los animales no pueden– a sí mismo el premio o tesoro gratificante de la virtud, no a su persona, sino a su voluntad . El hombre eleva las potencias de su esencia. A su potencia inmaterial de querer la hace capaz de más con este premio. Voluntad elevada ya no es “voluntad natural” sino “naturaleza indirecta” , aunque no del mismo nivel que aquélla en estado natural, sino “supernaturaleza” o mejor, “superpotencia”. Una antropología que no tenga en cuenta las virtudes a la fuerza ha de ser no sólo reductiva sino también pesimista, porque éstas son el modo según el cual cada hombre puede hacer crecer lo propiamente humano. Una antropología sin ellas es una antropología sin esperanza, porque la esperanza en la esencia humana aparece sobre todo cuando se da el fortalecimiento de la tendencia natural de la voluntad para adherirse a la felicidad. Y será también una antropología desamorada, porque el amor es la adhesión a lo felicitario, a lo que tiende la esperanza. También por eso, el vicio provoca el hastío, el aburrimiento, la vida absurda, la desesperación, el desamor. Además, en el fondo, es una cuestión de autenticidad, porque la virtud es saberse conducir en la esencia humana de acuerdo con lo que se es y se está llamado a ser en el acto de ser personal. Vivir en el vicio no es ser un tipo auténtico, sino un auténtico bruto despersonalizado.

En efecto, si la virtud es perfección intrínseca, es también un modo de abrir el futuro. Con la virtud se gana tiempo, porque ésta comporta facilidad a la hora de actuar, pero también porque merced a ella, el hombre crece como hombre. Si se crece, se vive más, se tiene más vida, porque el crecimiento es lo más propio de la vida. Además, si se crece como hombre, el futuro tiene sentido, y de cara a él se espera mayor perfeccionamiento. Por el contrario, sin crecimiento ¿qué se puede esperar? Solamente resultados externos (dólares o euros, compensaciones sensibles...), pero ¿con ellos se garantiza la mejoría, la felicidad humana? Obviamente no. Traigamos a colación el aserto aristotélico de que vivir para los vivientes es ser. Ahora cabe sacar de esa tesis otra implicación: si el modo de ser de los vivos depende del grado de vida, una razón con hábitos y una voluntad con virtudes están más vivas que las que carecen de ellos. Con hábitos y con virtudes se consigue la progresiva humanización de los hombres; humanización que, por lo demás, nunca es susceptible de culminación, de finalización. Si ello fuera posible por parte de algún hombre, ese hombre sería la humanidad, asunto que no pasa de ser una mera ocurrencia, porque si eso acaeciese sólo existiría tal hombre.

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