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Pobres ricos y afortunados pobres
De Seminario de Antropologia
| Autor Juan Fernando Sellés Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica |
Según lo sentado más arriba, es pobre el que no saca partido de sus capacidades. De modo que tanto los que la sociedad llama ricos como los que denomina pobres pueden encuadrarse dentro de un estado lamentable de miseria humana, si esas personas no dan de sí lo que pueden y deben dar . Si bien todos los hombres deben dar, puesto que son sociales por naturaleza , el dar de cada quién es distinto. Pretender a ese nivel el igualitarismo es la mayor injusticia, aquélla que exige y da por igual a personas desiguales. Los hombres son socialmente desiguales, y los trabajos en que se emplean también son distintos. La justicia no es exigir y dar a todos lo mismo, sino en hacerlo de modo que las desigualdades sean ventajosas para todos. Justicia es dar a cada uno lo suyo, pero no “lo mismo”, que es la mayor injusticia. Y “lo suyo” de cada quién de ninguna manera se reduce sólo a lo económico. Si se cae en esta cortedad de miras, la riqueza y la pobreza materiales son inevitables.
Muchos son los que se preguntan, la mayoría de los cuales son los que lo padecen, por qué existe el subdesarrollo. La respuesta, si somos coherentes con lo establecido, no puede ser más que ésta: se debe a una oferta débil y desordenada. La oferta mediocre es debida siempre a una falta de capacitación y desorden laboral. Junto a ello hay agravantes como, por ejemplo, la omisión de la justicia distributiva por parte de las minorías dirigentes del país (ej. países del Este de Europa, africanos, asiáticos, latinos, etc.). La raíz de este error reside en que las personas no dan de sí lo que pueden dar; no se trabaja en serio y ordenadamente. ¿Cómo salir del subdesarrollo? La salida de la penosa situación de los países subdesarrollados pasa por la educación, por la enseñanza, por el formar a la juventud en vistas a la confección del bien común, no del bien particular, y eso desde la infancia y durante muchas décadas. En consecuencia, un gobierno de un país en esa penosa situación que no invierte lo necesario en educación es un gobierno que no está a la altura de las circunstancias; es un gobierno del que se puede decir que desconoce qué sea el bien común. Ahora bien, como la cumbre de la educación es la universidad, y dado que ésta en esos países no dispone de recursos suficientes para superar el estado de mediocridad que padece, es absolutamente necesaria la ayuda de la empresa privada.
En la formación de las personas la clave son las virtudes. Ya se ha aludido repetidamente a una de ellas, la veracidad. Los economistas advierten que cuando no hay transparencia en la política de un país la economía decrece. Para recuperar el crecimiento económico, además de no mentir políticamente, hay que restaurar la empresa, porque ésta es su base, y para fortalecer la empresa hay que fomentar la formación de sus componentes, porque ésta depende de aquélla. A su vez, para promover la instrucción de los trabajadores, hay que fortalecer la familia, porque ésta es base de la empresa. Recuérdese que Aristóteles fundamenta la economía en la familia.


