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Voluntad y persona

De Seminario de Antropologia

Autor Juan Fernando Sellés
Curso y Apuntes sobre la antropología filosófica

Se ha hablado de la razón y de la voluntad activadas. Quedaba, sin embargo, una cuestión en el aire: ¿cuál de las dos potencias es más activa? Si se atiende a los actos de estas potencias la inteligencia es más activa que la voluntad, porque sus actos y hábitos son más activos. Con todo, si tratamos de esbozar su distinción jerárquica en atención a la persona humana de quien éstas son facultades, la cosa cambia, porque la persona apoya más a la voluntad que a la inteligencia. En efecto, aparte de la comparación entre los objetos, los actos, los hábitos y las mismas potencias para vislumbrar la jerarquía, si tenemos en cuenta la vinculación de una y otra facultad con la persona humana, vemos que la inteligencia es más autónoma, más separada, distante, del ser personal. La persona no personaliza tanto la inteligencia como la voluntad. Si lo hiciera, subjetivizaría el conocimiento. Ello indica que en cuanto potencia es más noble la inteligencia, pero con la ayuda que la voluntad recibe de la persona, ésta es se ennoblece más que la inteligencia.

Con todo, la persona no eleva directamente ni la inteligencia ni la voluntad, sino a través de un instrumento nativo: la sindéresis. Ésta se emplea mucho más en la activación de la voluntad que en la de la inteligencia. Según esto, en la sindéresis se pueden distinguir dos vertientes, una referida a la inteligencia y otra a la voluntad, de las cuales una será jerárquicamente superior a otra. Activar la inteligencia es más fácil porque se trata de iluminar lo claro. En cambio, la voluntad no es clara, puesto que no es cognoscitiva. Si bien, como cualquier realidad, la voluntad no debe carecer de verdad. En consecuencia, iluminar la verdad de la voluntad exige más luz por parte de la sindéresis que iluminar la inteligencia. Y es precisamente esa mayor ayuda (activación o iluminación) lo que favorece que la voluntad sea superior a la inteligencia.

Es curioso apreciar cómo en la dualidad humana conformada por las dos potencias superiores inteligenciavoluntad el miembro inferior, la voluntad, puede ser realzado por la persona hasta el punto de sobresalir por encima del superior, la inteligencia. Ello indica que la activación de la voluntad puede ser superior a la de la inteligencia, y que, consecuentemente, la virtud superior de la voluntad, la amistad, será más excelente que el hábito adquirido superior de la inteligencia, el de los axiomas lógicos. En efecto, el amigo es otro yo, pero la noción de otro yo incluye la noción de yo propia de la sindéresis, y es claro que ésta es un conocimiento superior al de la razón como potencia. Por tanto, a nivel de facultades humanas es preferible ser amigo que saber mucho acerca de realidades intramundanas o sobre asuntos mentales, es decir, que hacer ciencia o lógica. Es preferible porque es más felicitario para la esencia humana. Claramente no se puede ser amigo sin conocer muchas cualidades del amigo, pero el amor al amigo resalta por encima del conocimiento. Por ello la clave de las mejores relaciones referidas a la esencia humana (relación entre esposos, relación padreshijos, profesoresalumnos, etc.) pasa por la amistad.

La polémica en torno a la hegemonía de la inteligencia o la voluntad humanas constituye uno de los grandes temas de la filosofía occidental . Aunque la controversia recorre todos los siglos, el climax de la discusión seguramente se enmarca en el s. XIII, y sus protagonistas más destacados tal vez sean Tomás de Aquino y Escoto. Estos dos autores dan argumentos a favor de una u otra potencia tomando en cuenta su distinta intencionalidad, sus actos, sus hábitosvirtudes y la consideración de las mismas facultades. Es un problema intrincado, difícil de resolver. Ahora bien, si todo problema se soluciona por elevación, desde este perfil tenemos bastante facilidad para dar con la solución, puesto que la persona humana, en la que centra la atención la antropología, es superior a esas potencias. En efecto, sólo dualizando esas potencias con la persona humana podemos saber cuál de ellas es superior. Con todo, no se dualizan directamente con la persona, sino con un instrumento suyo al que hemos denominado sindéresis. Ésta se emplea mucho más a fondo con la voluntad que con la inteligencia, sencillamente porque la inteligencia es naturalmente más activa que la voluntad. De manera que la desventaja natural de la voluntad respecto de la inteligencia es superada con creces por la ayuda de ese principio activo superior que desarrolla más a esta potencia que a la inteligencia.

En suma, continuando las conclusiones de la Lección precedente y teniendo en cuenta lo descubierto en este Tema, se puede decir que el hombre es un ser que no es "animal", pero que, sin duda, es "racional", y por encima de eso es "voluntario", aunque sobre todo es "sinderético", es decir, que constituye un "yo" capaz de gobernar y desarrollar su razón y su voluntad, y contando con ellas, toda su sensibilidad.

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